Las placas forman parte del Fondo Martín Santos Yubero, un archivo de 482.141 imágenes que documenta buena parte de la historia política, social y cotidiana del siglo XX. Su conservación combina intervenciones sobre los negativos originales con un proceso de digitalización.Seguir leyendo....
Las placas forman parte del Fondo Martín Santos Yubero, un archivo de 482.141 imágenes que documenta buena parte de la historia política, social y cotidiana del siglo XX. Su conservación combina intervenciones sobre los negativos originales con un proceso de digitalización.
La restauración abarca desde labores de limpieza hasta intervenciones más complejas para estabilizar el vidrio roto. "Nos hemos encontrado con placas fragmentadas en más de nueve partes que requieren un montaje muy preciso", explica David López Vázquez, jefe del Servicio de Restauración y Reproducción de Documentos del Área de Planificación y Programación Archivística de la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental, en declaraciones a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. En esos casos, los fragmentos se estabilizan mediante un montaje con vidrios de borosilicato cortados a medida.
Desde enero, cuando se habían completado 6.600 piezas, se han tratado otras 450. "Esperamos que la totalidad de las placas de vidrio estén restauradas y digitalizadas a finales del presente año", señala López Vázquez a este periódico.
La fragilidad de las placas de vidrioAunque el estado general de conservación es "bastante bueno", según López Vázquez, estos negativos combinan un soporte de vidrio con una emulsión fotográfica que contiene la plata de la imagen. "El vidrio es muy quebradizo, se rompe fácilmente por presión o por impacto, pero es dimensionalmente estable", explica Jesús Robledano Arillo, director del Máster en Bibliotecas, Archivos y Continuidad Digital y profesor titular de la Universidad Carlos III de Madrid.

Placa de vidrio del Fondo Martín Santos Yubero fragmentada antes de su estabilización / Archivo Regional de la Comunidad de Madrid
En las placas de Santos Yubero, la emulsión emplea gelatina como aglutinante. "La gelatina, que es el aglutinante usado en las placas de Santos Yubero, se hincha y contrae con la humedad", señala Robledano. Las oscilaciones higrométricas pueden provocar craquelado, levantamientos y desprendimientos de esa capa. En las piezas que han pasado por el taller, López Vázquez señala que el deterioro más habitual es la suciedad superficial, desde polvo y huellas hasta manchas de grasa o restos de papel adheridos.
El deterioro tampoco tiene siempre la misma velocidad. "La pérdida puede ser catastrófica —tal como una rotura o una inundación— o acumulativa, que es la más peligrosa porque no genera alarma al principio", explica el especialista. Hay alteraciones que, una vez que afectan a la plata o provocan la desaparición de la emulsión, ya no pueden revertirse de manera respetuosa con la fotografía original.
Robledano pone como ejemplo una placa que hoy presente un pequeño levantamiento de emulsión: si se interviene puede conservar toda su información iconográfica, mientras que dentro de quince años podría haber perdido un tercio de la imagen.
De la limpieza a la digitalizaciónEl tratamiento comienza actuando sobre la suciedad. Según López Vázquez, la emulsión se limpia mecánicamente con una pera de aire, mientras que en la cara del vidrio que no contiene la imagen puede utilizarse una solución hidroalcohólica. Las pérdidas de soporte, frecuentes en las esquinas, pueden reintegrarse con cartón de conservación para proporcionar estabilidad.
Tras la restauración, las placas se guardan en sobres y cajas que hayan superado el PAT (Photographic Activity Test), una prueba que determina si los materiales empleados son adecuados para la conservación fotográfica. A continuación pasan al Taller de Reproducción de Documentos, donde se generan archivos TIFF de alta resolución para conservación y versiones JPG y PDF destinadas a consulta y difusión.
Robledano subraya una de las ventajas directas de ese proceso: "Digitalizar asegura la difusión de la iconografía presente en la placa, y, sobre todo, evita la manipulación del original en cada consulta". La imagen digital sirve, además, como registro fechado del estado de conservación de la pieza y permite comparar su evolución en el futuro.

Limpieza de una placa de vidrio del Fondo Martín Santos Yubero con una solución hidroalcohólica aplicada sobre la cara sin emulsión / Archivo Regional de la Comunidad de Madrid
Pero esa reproducción no recoge toda la información física contenida en el objeto, como el relieve de la emulsión, el reverso, los cantos, determinados retoques o algunos datos físico-químicos. De ahí la necesidad de conservar el original además de su reproducción digital. "El original es el único referente de autenticidad frente a la manipulación digital", afirma Robledano.
La cuestión adquiere una dimensión adicional ante las posibilidades actuales de alterar o generar imágenes. En una ponencia sobre digitalización de negativos fotográficos patrimoniales presentada en el Archivo Regional, el profesor defendió que la captura debe reproducir fielmente las características relevantes del documento, sin introducir mejoras o interpretaciones subjetivas, y planteó el registro digital como una herramienta para preservar evidencia histórica frente a manipulaciones y recreaciones mediante inteligencia artificial.
Santos Yubero, una cámara ante varias décadas de historiaMartín Santos Yubero nació en Vallecas en 1903 y perteneció a la segunda generación de grandes reporteros gráficos madrileños. Su trayectoria atravesó la dictadura de Primo de Rivera, el gobierno de Berenguer, la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo.
Sus primeros reportajes llamaron la atención de Delgado Barreto, director de La Nación, que lo incorporó a la redacción. Santos Yubero mantuvo también su actividad como fotógrafo independiente y colaboró con cabeceras como Ahora, ABC, Estampa, La Tierra, Luz y Ya. Su cámara recogió acontecimientos políticos, escenas callejeras, espectáculos, deportes y tauromaquia, y retrató a figuras como Margarita Xirgu, Pío Baroja, Valle-Inclán, La Argentinita o Manolete.

Autorretrato de Martín Santos Yubero / Martín Santos Yubero / Archivo Regional de la Comunidad de Madrid
En 1933 empezó a combinar la cámara de gran formato con una Contax de 35 milímetros y dos años más tarde asumió el servicio gráfico de Ya. Durante la Guerra Civil volvió a sus cámaras de placas y trabajó junto a los hermanos Benítez Casaux en una agencia que suministraba fotografías a La Voz, La Libertad, Crónica y el ABC republicano. Después de la contienda regresó a Ya, donde dirigió un equipo de fotógrafos hasta el final de su trayectoria profesional. Se jubiló en 1974 y murió en Madrid en 1994, a los 91 años.
El propio fotógrafo manifestó su deseo de que aquel trabajo perdurara. Cuando la Comunidad de Madrid presentó oficialmente la adquisición de su fondo en 1988, declaró: "No podía concluir mejor mi vida. Ya puedo morir tranquilo, sabiendo que mis fotografías se guardan en un centro oficial. Así, nunca morirá su recuerdo".
Custodiado en el Archivo Regional desde 1995, el fondo conserva imágenes fechadas entre 1924 y 1987, pero también materiales vinculados al proceso de trabajo: encuadres descartados, fotografías anteriores a la selección editorial, anotaciones, instrucciones para ayudantes, correspondencia y documentación profesional. Una parte de las fotografías del Fondo Martín Santos Yubero puede consultarse en línea a través del Portal de Archivos de la Comunidad de Madrid.

Familia en situación de pobreza en la calle de Alcalá, Madrid, en 1934 / Martín Santos Yubero / Archivo Regional de la Comunidad de Madrid
"Un fondo como el de Martín Santos Yubero, con casi medio millón de imágenes, conserva, además, muchos materiales que raramente se publican y que son vitales para la investigación y contextualización del fondo", explica Robledano. El profesor sitúa este trabajo dentro de un desafío más amplio: "El patrimonio fotográfico del siglo XX es el más amenazado", por su enorme volumen, las características de muchos de sus soportes y la falta de especialistas y recursos para abordar su conservación y digitalización.