Dejan las hamacas en ese camino de hormigón que acaba abruptamente, roto y mordido por el mar. Otros bañistas encuentran una repisa de piedra donde depositar la toalla y el bolso o la mochila. Se zambullen en el desastre. Y, sin embargo, le siguen teniendo afición a una playa perdida (escombros y ni pizca de arena) que sí ofrece algo bueno: aquí no hay masificación. Solo los muy devotos de este tramo del Blay Beach, en les Marines de Dénia, continúan acudiendo a bañarse. Se bañan entre ruinas. Eso sí, no se acercan a los muros desmedrados y amenazadoramente inclinados. El temporal Gloria de enero de 2020 los destrozó. Y así siguen. Los temporales que están por venir los harán pedazos.
Dejan las hamacas en ese camino de hormigón que acaba abruptamente, roto y mordido por el mar. Otros bañistas encuentran una repisa de piedra donde depositar la toalla y el bolso o la mochila. Se zambullen en el desastre. Y, sin embargo, le siguen teniendo afición a una playa perdida (escombros y ni pizca de arena) que sí ofrece algo bueno: aquí no hay masificación. Solo los muy devotos de este tramo del Blay Beach, en les Marines de Dénia, continúan acudiendo a bañarse. Se bañan entre ruinas. Eso sí, no se acercan a los muros desmedrados y amenazadoramente inclinados. El temporal Gloria de enero de 2020 los destrozó. Y así siguen. Los temporales que están por venir los harán pedazos.

Una bañista, sobre los escombros / A. P. F.
Algunos bañistas advierten a este diario de que deberían precintarse los muros. Temen que quienes no ven el peligro (los niños, por ejemplo) decidan investigar en los recovecos. Además, ahí, junto a los muros agrietados, el fondo marino está erizado de piedras. Mejor alejarse unos metros de la orilla y hacer pie en la arena.
Este tramo del Blay Beach era hace ya décadas un arenal notable. Luego empezó la regresión. Los temporales se tragaron la arena. Se regeneraba. Y la primera tempestad volvía a merendarse la playa. Hasta que llegó la borrasca Gloria y no dejó piedra sobre piedra. Los muros de las parcelas de primera línea, destruidos. Eran muros robustos. Pero el mar es implacable, una piqueta que acaba con todo. Quedó una playa de escombros. Algunos propietarios de primera línea han reconstruido los muros, pero no allí donde estaban, sino unos metros atrás. Otros se resisten a retranquearse y no han tocado esa barrera desmoronada y rota que los separa de un mar que estos días es una balsa de aceite, pero que, cuando se desaten los temporales, golpeará con violencia estas ruinas.
Regresión y cambio climáticoMientras, hay bañistas fieles a esa playa perdida. Quedan pocos. Se las arreglan para buscar una losa entre tanto escombro. Allí dejan la toalla y con mucho tiento se meten en el agua. Hacen equilibrios en la orilla derruida. Se zambullen sin apreturas. Las catástrofes atraen los primeros días a los turistas, pero luego se cansan y buscan paisajes de postal. Y esta postal es un cromo, una ruina y una evidencia de que el cambio climático muerde furiosamente las playas.
Fuente: Levante - EMV