Estos días, la normalmente pacífica y poco dada al escándalo clase académica ha convulsionado, tras hacerse público el índice Shanghai de universidades. Para el profano, el Libro Rojo de los restaurantes. Si en el segundo caso estar o no estar en él puede significar cientos de miles de facturación, en el primero son millones. Tanto en matrículas directas, donaciones privadas o subvenciones públicas.
Estos días, la normalmente pacífica y poco dada al escándalo clase académica ha convulsionado, tras hacerse público el índice Shanghai de universidades. Para el profano, el Libro Rojo de los restaurantes. Si en el segundo caso estar o no estar en él puede significar cientos de miles de facturación, en el primero son millones. Tanto en matrículas directas, donaciones privadas o subvenciones públicas.
Antes de continuar: el ARWU (tal es el acrónimo inglés del citado listado) es un indicador de nicho que, desde hace años, pone en evidencia un hecho irrebatible: la pujanza de Oriente respecto a Occidente. E irá a más. Ya no se trata de si una determinada universidad española está en el top mil mundial. Sino de lo que nos debería incumbir es, vista la trayectoria del conjunto académico patrio, cuánto tiempo pueda transcurrir hasta que ningún centro de enseñanza superior de este país esté en tal índice. No en la parte media o baja del mismo. Sino, sencillamente, llegar a aparecer. El aserto se basa en diversas razones: competitividad, recursos, política de becas e investigación. En estos momentos hay un gran número de universidades de lo que llamamos Lejano Oriente que superan con creces a las occidentales, cuando occidentales se refiere a las sitas en Europa, Estados Unidos y Canadá. Mientras las donaciones a universidades españolas no desgraven como en otros países - y el Estado apueste por financiarlas bien en lugar de gastar el dinero en armas - el retroceso educativo será, si nadie lo impide, cada vez más acusado.
Hace quince años, para un profesor de la Ivy League (la liga de la hiedra, esto es, el conjunto de universidades más añejas y prestigiosas de Estados Unidos), era una broma que la Universidad de Mumbai, Jeddah o la propia Singapur intentara su contratación. La sonrisa podía convertirse en carcajada si el centro universitario era chino. Histérica si la invitación venía de Corea del Sur e incluso de Nueva Zelanda. Hoy, estos mismos profesionales persiguen tales fichajes, aunque sea a tiempo parcial. Otro barómetro recurrente es el de la aceptación de las altísimas matrículas por parte de no pocos templos del saber estadounidenses y británicos, mayormente. Oxford, Cambridge y la London School of Economics and Political Science han visto dramáticamente reducidos sus ingresos por este concepto, Brexit mediante. Harvard, Yale o Princeton, también, y por otra razón: el clima poco propicio a los extranjeros, imperante en USA desde los atentados de las Torres Gemelas, no ayuda en demasía. Bush hijo y Trump han hecho mucho daño. ¿Qué MBA triunfan hoy en día? Efectivamente: los situados en la costa occidental del océano Pacífico y del Índico. Así como hace treinta años la cuestión era ser “minessoto” o no serlo, hoy, la pregunta para saber si eres competitivo de verdad, es saber si dominas hindú o mandarín. Y, además, si has podido ampliar estudios o haber cursado la carrera en alguna de las universidades más top de Oriente. Que, por cierto, cada vez hay más, mejores y muy bien dotadas.
Por cierto: universidades privadas españolas, en el índice Shanghai, ni están ni se las esperan. Un padre español con un hijo o una hija aplicado tiene, a día de hoy, un dilema: si gastarse una fortuna —hay algunos centros de nuevo cuño realmente caros— en una universidad que no sale ni en el apéndice del ARWU…o enviar al retoño a un centro con cara y ojos. Por relativamente poco más. Con una política de becas muy transparente y rígida, por cierto. Quizás estará lejos, pero uno no tendrá la sensación de que no le toman el pelo. Y es que —es justo decirlo— la pública no lo hace. Tendrá muchos defectos, pero no asegura ser “la universidad de tus sueños”.
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