Sonia Sánchez Navarro nació en Sevilla en 1983. Estudió Ciencias Ambientales en Huelva e hizo un Máster en Biodiversidad y Biología de la Conservación en la Universidad Pablo de Olavide. Además de la Estación Biológica de Doñana y como consultora ambiental autónoma, ha trabajado en otras instituciones, como la Universidad de Bristol y la de Lund, entre otras. Ahora está realizando su tesis doctoral sobre murciélagos y parques eólicos. Pertenece a la Asociación Española para la Conservación y Estudio de los Murciélagos (SECEMU) y con la que colabora en distintas comisiones de trabajo. Le gusta viajar, "pero el viaje útil, cuando voy a trabajar en él y voy a vivirlo más que a visitarlo".
¿Por qué su pasión por los murciélagos?
Mi interés por los murciélagos, en realidad, comenzó bastante tarde. Los animales, sobre todo, los salvajes, sí que me han gustado desde pequeña, pero los murciélagos fue trabajando en un parque eólico donde empecé a interesarme por ellos. Ahí fue cuando comenzó nuestra historia.
¿Qué hay en ellos que para la mayoría de los mortales pasa desapercibido?
Los murciélagos son unos animales increíbles. Siendo tan pequeños tienen una longevidad enorme, el más longevo se ha establecido en 43 años gracias al anillamiento. Además, solo tienen una cría al año, nada que ver con otros animales de su tamaño. Cuando hibernan disminuyen sus pulsaciones y las respiraciones y su metabolismo hasta unos niveles inimaginables. Son animales supersociales y conforman unas relaciones muy interesantes.
Usted trabaja especialmente el impacto del ser humano sobre los murciélagos y sus poblaciones, principalmente, la energía eólica y la contaminación lumínica.
Sí. Mi interés por los murciélagos comenzó trabajando en un parque eólico, y es porque murieron muchos murciélagos ese verano, con tan solo 29 aerogeneradores. Ahí fue cuando comencé a estudiarlos y a interesarme por ellos. La energía eólica es la primera causa de mortalidad documentada en el mundo para este grupo animal. Los murciélagos son unos animales muy curiosos, que además tienen como una de sus estrategias de alimentación cazar en espacios abiertos, por este motivo, entre otros, se acercan a los aerogeneradores y es cuando se produce la muerte. Los murciélagos pueden morir por colisión directa con las aspas o por barotrauma, es decir, el aerogenerador cuando gira lo hace a una velocidad muy elevada, 300 km/h, y esto genera unas turbulencias en la parte de detrás desestabilizando el área y creando bolsas de vacío, y cuando el murciélago las atraviesa colapsa internamente. Lo que te encuentras bajo el aerogenerador es un animal en perfecto estado exterior, pero tiene los tejidos internos completamente colapsados. La contaminación lumínica es un tema bastante más complejo porque no solo les afecta a ellos, sino que lo hace a sus presas y, por lo tanto, cambia unos ritmos circadianos y unos comportamientos que llevan millones de años en funcionamiento.
¿Qué podemos hacer al respecto?
Con respecto a la energía eólica, es sencillo. Existen unas medidas claramente comprobadas a nivel mundial, como son aumentar la velocidad de arranque de los aerogeneradores, ya que los murciélagos vuelan a bajas velocidades de viento y los aerogeneradores a esas velocidades son menos eficientes. Por otro lado, está la parada selectiva de aerogeneradores, cuando las condiciones son favorables. Estas condiciones son las noches entre julio y octubre, que es la época de mayor actividad de los murciélagos, con velocidades de viento inferiores a 6 m/s. Actualmente, se está trabajando con aparatos que relacionan estas medidas con la actividad. Previamente grabada, y mediante algoritmos, establecen unos patrones de parada mucho más personalizados a la zona en la que se está.
Esas dos medidas se ha visto que funcionan, reduciendo la mortalidad muchísimo. Respecto a la contaminación lumínica, existen muchas medidas que ya se están poniendo en marcha y que también se sabe que funcionan. Para todo esto lo que hace falta es mucha concienciación ciudadana y mucho apoyo institucional y hay veces que esto es bastante complicado.
Los murciélagos están rodeados de mitos, sobre todo, alimentados por la literatura y el cine, así como nuestro desconocimiento, claro. Por favor, desmonte algunos.
Los mitos son de las preguntas más típicas en las charlas de divulgación. Los murciélagos no son ciegos, tienen unos ojos muy pequeños que pasan bastante desapercibidos, pero ven perfectamente o, al menos, tan perfectamente como podríamos ver nosotros de noche, simplemente han evolucionado y creado un sistema de navegación mucho más eficiente que les permite desplazarse y alimentarse, sin tener que usar la vista o sin tener que usarla de una manera predominante. Otro de los mitos más extendidos es que se te agarran a los pelos; yo he estado en cuevas donde me han salido miles de murciélagos y ninguno se ha enredado en mi pelo, ¡y tengo mucho! Pero es cierto que cuando se encuentran en una habitación encerrados y están intentando salir de ella, cualquier obstáculo que haya por medio puede ser lugar de encuentro o aterrizaje, pero partimos de la base de que ellos siempre van a intentar evitar el contacto con los humanos. En esos casos, lo mejor es cerrar la puerta de acceso a la casa, abrir ventanas, apagar luces y mantenerse fuera de la habitación o muy quieto en un rincón en el que no molestes. Otro de los mitos es que chupan sangre, y es cierto, pero hay un pero, hay más de 1.510 especies de murciélagos en el mundo, de momento, porque se siguen descubriendo especies, y de ellas solo tres se alimentan de sangre, es decir, son hematófagas. Estas tres especies están en Centroamérica y Sudamérica, y en un principio se alimentan de sangre de aves, dos de ellas; y de mamíferos, una. Ninguno de esos mamíferos es el humano, al menos no de forma natural, puede que sí de forma fortuita.
Y el último y más reciente, que además ha arruinado años de concienciación ciudadana, es el coronavirus. Los murciélagos tienen virus igual que tenemos los humanos y cualquier otro animal. Muchos de ellos son específicos y en el caso del coronavirus, pese a todo lo que se dijo, no fue responsabilidad de los murciélagos. Ellos tienen coronavirus sí, pero no el que dio lugar a esta pandemia.
Usted trabaja también en otros proyectos de otras especies en la Estación Biológica de Doñana. ¿En qué están centrados ahora?
Aunque he trabajado en la Estación Biológica de Doñana, actualmente no tengo ninguna relación contractual con ellos. Recientemente se han enfocado en trabajar con el nóctulo grande (Nyctalus lasiopterus) porque es una especie vulnerable, con una distribución rara y muy parcheada por el territorio nacional. Existen en el sur varias colonias de maternidad, muy importantes y de emplazamiento bien conocido, y se ha estado trabajando con ellas para profundizar en el conocimiento de la especie e intentar ayudar a su conservación.
Y, a título personal, ¿tiene algún proyecto a la vista?
Mis planes a corto plazo son los censos de murciélagos cavernícolas de la Junta de Andalucía, para lo que ha salido licitación recientemente, y que me han otorgado. Estos censos se realizan cada seis años y se hace un seguimiento de casi 60 refugios catalogados como importantes a nivel andaluz. Va a ser un trabajo muy bonito y muy exigente en los próximos años.
Entre mis trabajos de consultoría ambiental especializada en murciélagos, estoy realizando la tesis doctoral sobre murciélagos y parques eólicos, porque me apetecía a título personal, no solo poner mi granito de arena en gestión y conservación, sino también en investigación. Es como un reto personal y algo que me debía a mí misma, así que en ello ando, pero es complicado teniendo un trabajo a jornada completa.
También he colaborado con la escritora Concha López Llamas en su libro 'Nyctala y las galeanas', en el que mezcla dos historias, una humana y una animal, y usa al nóctulo mediano como especie protagonista, que además ha sido declarado murciélagos del año por Eurobats; y a una familia empresaria gallega relacionada con la energía renovable. Además, pertenezco a la Asociación Española para la Conservación y Estudio de los Murciélagos (SECEMU), con la que colaboro en distintas comisiones de trabajo.
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