La tumba de Vjekoslav Luburić, general responsable del campo de prisioneros de Jasenovac durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta con escasa información sobre el seguidor del dictador Ante Pavelic, apodado como 'Maks el carnicero'El genocida nazi que escondió el franquismo en Carcaixent con identidad falsa desfiló en las fiestas de Moros y Cristianos y las Fallas
La tumba de Vjekoslav Luburić es la primera que uno puede ver al entrar en el cementerio de Carcaixent. Sobre ella, en el momento de escribir estas líneas, se encuentran cuatro velas de origen alemán, una de ellas con la inscripción “du lebst in unseren herzen (siempre en nuestros corazones)”. En la lápida, escrito en serbocroata, se lee: “Aquí descansa en paz Vjekoslav Luburić, general de las Fuerzas Armadas de Croacia. 6 - III - 1913 Ljubuški. 20 - IV - 1969 Carcagente”.
El panteón podría ser uno más del cementerio, salvo por un detalle. Junto a él, hay dos postes con sendos códigos QR, dos folios discretos que acompañan a la sepultura. Si uno se interesa por ver qué hay en ellos, el código lleva a un archivo del Ayuntamiento de Carcaixent, que en apenas cuatro párrafos resume la historia de uno de los genocidas escondidos por el Franquismo en España.
Luburić fue el responsable del campo de prisioneros de Jasenovac durante la Segunda Guerra Mundial, donde fueron asesinados cientos de miles de personas entre serbios, judíos, gitanos y croatas disidentes. El general pertenecía a los “ustashas” —“rebeldes” en serbocroata—, seguidores del dictador Ante Pavelic que gobernaron Croacia y Bosnia Herzegovina desde abril de 1941 a mayo de 1945 bajo la protección de Hitler y Mussolini, hasta que los desalojaron del poder las tropas de Tito y el Ejército Rojo. Como Pavelic, quien yace en un cementerio de Madrid, Luburić fue acogido por el régimen franquista.
Velas en el mausoleo que homenajea a Luburic, que adoptó el nombre de Vicent Pérez García en Carcaixent.
En la documentación la historia de 'Maks el carnicero' se resume escuetamente. Se indica su fecha y lugar de nacimiento —que constan en la lápida—, su fecha de muerte y que fue responsable del campo de prisioneros, así como la acogida en España por el régimen. Poco más para dar por cumplidas las obligaciones del Estado español en materia de memoria democrática.
El croata fue conocido en la Ribera Alta como 'don Vicent' o 'el polaco'. Llegó con nombre falso (Vicent Pérez García) tras la guerra y vivió casi veinte años en la cuna de la naranja valenciana, donde montó una imprenta, hasta que fue asesinado presuntamente por un agente de la Yugoslavia de Tito, Ilija Stanic. Tuvo cuatro hijos que fueron a la escuela municipal, y, como cualquier vecino, hizo unos cuantos amigos. El periodista valenciano Francesc Bayarri logró localizar a Stanic en 2003 en Sarajevo, cuando el crimen había prescrito, en un encuentro que refleja en su libro Cita a Sarajevo (Austronharesa de Vapors, Premi dels Escriptors Valencians 2007 y con una edición ampliada en 2019).
El texto informativo al que remiten los QR junto a la tumba de Luburić
La tumba de Luburić es desde hace décadas un lugar de peregrinación para neonazis. La ley de Memoria Democrática la incluyó en su catálogo de vestigios y obligó a que se retirara el escudo y otros honores que figuraban en la sepultura, además de a instalar paneles informativos. El Gobierno ordenó en abril, en el aniversario del asesinato, que se retirara el escudo del régimen Ustaša y se añadiera información.
Durante el Gobierno del Pacto del Botánico, la conselleria trató de exhumar los restos, incluso se barajó contactar con la embajada de Croacia para que se hicieran cargo. El Ayuntamiento de Carcaixent ha tratado de desmantelar el mausoleo en varias ocasiones y contactar con la familia -tiene un hijo que vive en Nàquera- por si quisieran trasladarlo a un lugar familiar, sin éxito. Según el exalcalde, Luburic tuvo una vida discreta como 'don Vicent' en el pueblo. La ley valenciana de Memoria Democrática, vigente en aquel momento, no contemplaba una exhumación forzosa para su caso concreto —ni había participado en la Guerra Civil ni en las represalias posteriores— por lo que, sin autorización familiar, no se pueden mover los restos.
La tumba de Vjekoslav Luburić es la primera que uno puede ver al entrar en el cementerio de Carcaixent. Sobre ella, en el momento de escribir estas líneas, se encuentran cuatro velas de origen alemán, una de ellas con la inscripción “du lebst in unseren herzen (siempre en nuestros corazones)”. En la lápida, escrito en serbocroata, se lee: “Aquí descansa en paz Vjekoslav Luburić, general de las Fuerzas Armadas de Croacia. 6 - III - 1913 Ljubuški. 20 - IV - 1969 Carcagente”.
El panteón podría ser uno más del cementerio, salvo por un detalle. Junto a él, hay dos postes con sendos códigos QR, dos folios discretos que acompañan a la sepultura. Si uno se interesa por ver qué hay en ellos, el código lleva a un archivo del Ayuntamiento de Carcaixent, que en apenas cuatro párrafos resume la historia de uno de los genocidas escondidos por el Franquismo en España.
Luburić fue el responsable del campo de prisioneros de Jasenovac durante la Segunda Guerra Mundial, donde fueron asesinados cientos de miles de personas entre serbios, judíos, gitanos y croatas disidentes. El general pertenecía a los “ustashas” —“rebeldes” en serbocroata—, seguidores del dictador Ante Pavelic que gobernaron Croacia y Bosnia Herzegovina desde abril de 1941 a mayo de 1945 bajo la protección de Hitler y Mussolini, hasta que los desalojaron del poder las tropas de Tito y el Ejército Rojo. Como Pavelic, quien yace en un cementerio de Madrid, Luburić fue acogido por el régimen franquista.
En la documentación la historia de 'Maks el carnicero' se resume escuetamente. Se indica su fecha y lugar de nacimiento —que constan en la lápida—, su fecha de muerte y que fue responsable del campo de prisioneros, así como la acogida en España por el régimen. Poco más para dar por cumplidas las obligaciones del Estado español en materia de memoria democrática.
El croata fue conocido en la Ribera Alta como 'don Vicent' o 'el polaco'. Llegó con nombre falso (Vicent Pérez García) tras la guerra y vivió casi veinte años en la cuna de la naranja valenciana, donde montó una imprenta, hasta que fue asesinado presuntamente por un agente de la Yugoslavia de Tito, Ilija Stanic. Tuvo cuatro hijos que fueron a la escuela municipal, y, como cualquier vecino, hizo unos cuantos amigos. El periodista valenciano Francesc Bayarri logró localizar a Stanic en 2003 en Sarajevo, cuando el crimen había prescrito, en un encuentro que refleja en su libro Cita a Sarajevo (Austronharesa de Vapors, Premi dels Escriptors Valencians 2007 y con una edición ampliada en 2019).
La tumba de Luburić es desde hace décadas un lugar de peregrinación para neonazis. La ley de Memoria Democrática la incluyó en su catálogo de vestigios y obligó a que se retirara el escudo y otros honores que figuraban en la sepultura, además de a instalar paneles informativos. El Gobierno ordenó en abril, en el aniversario del asesinato, que se retirara el escudo del régimen Ustaša y se añadiera información.
Durante el Gobierno del Pacto del Botánico, la conselleria trató de exhumar los restos, incluso se barajó contactar con la embajada de Croacia para que se hicieran cargo. El Ayuntamiento de Carcaixent ha tratado de desmantelar el mausoleo en varias ocasiones y contactar con la familia -tiene un hijo que vive en Nàquera- por si quisieran trasladarlo a un lugar familiar, sin éxito. Según el exalcalde, Luburic tuvo una vida discreta como 'don Vicent' en el pueblo. La ley valenciana de Memoria Democrática, vigente en aquel momento, no contemplaba una exhumación forzosa para su caso concreto —ni había participado en la Guerra Civil ni en las represalias posteriores— por lo que, sin autorización familiar, no se pueden mover los restos.
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