No podemos terminar el mes de septiembre sin una Advocación Mariana de gran peso. Hoy celebramos a Nuestra Señora de la Merced. Nos vamos hasta el siglo XIII. En Barcelona los piratas sarracenos apresan a muchas personas y les llevan cautivos al Norte de África para venderlos como esclavos. Según una vieja tradición, la Virgen se apareció a la vez a Jaime I, a San Raimundo de Peñafort y a San Pedro Nolasco. En esta manifestación, la Madre de los afligidos encomendó a los tres la misión de liberar a los cautivos que habían caído en poder de los herejes. Esta petición cristaliza en el inicio de la Orden de los Mercedarios, quienes, en un principio, su carisma, propiamente dicho es redimir a los esclavos, devolviéndoles la libertad y, por lo tanto, la dignidad de hijos de Dios. Actualmente se dedican a la pastoral penitenciaria. También es el comienzo del culto a Nuestra Señora de la Merced, que encuentra su expansión por toda la Iglesia, especialmente a partir del siglo XVII. La Merced pasó de ser un sentimiento de presos a mostrar la Misericordia, la Ternura y los Dones que Dios da a través de su Santísima Madre. Uno de los momentos en la historia con mayor importancia es el Descubrimiento de América. Aquí los religiosos mercedarios se encargan de llevar la Devoción a este Título Mariano por las Tierras del Nuevo Continente.