La artista cubana presenta en La Cometa su primera exposición individual en Colombia, una muestra de 22 obras que explora la percepción del tiempo.
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La artista cubana presenta en La Cometa su primera exposición individual en Colombia, una muestra de 22 obras que explora la percepción del tiempo.En conversación con EL TIEMPO, León habló sobre el origen de la exposición, su interés por los patrones que se repiten en la naturaleza Foto: Cortesía

23.09.2026 18:43 Actualizado: 24.09.2026 12:43
Hay preguntas que parecen imposibles de responder. ¿A qué suena el tiempo? ¿Cuánto dura realmente un instante? ¿Qué puede cambiar en una vida entre doblar una esquina o seguir derecho?
Esas preguntas atraviesan 'El tiempo es un sonido que no escuchamos', la primera exposición individual de la artista cubana Glenda León en Colombia, que se presenta en la galería La Cometa, en Bogotá.
La muestra reúne 22 obras entre instalaciones, objetos, textiles y piezas de pequeño y gran formato. En ellas aparecen manecillas de relojes antiguos, ramas, vidrios, luz y otros materiales que León utiliza para hablar de algo que, aunque cotidiano, suele pasar inadvertido: nuestra relación con el tiempo.
Para la artista, el tiempo no necesariamente se mide en las horas que marca un reloj. También está en los latidos del corazón, en una decisión que puede cambiar el rumbo de una vida y en esos pequeños instantes en los que una persona puede encontrarse o no con otra.
En conversación con EL TIEMPO, León habló sobre el origen de la exposición, su interés por los patrones que se repiten en la naturaleza, las nuevas obras realizadas en Colombia y la posibilidad de mirar el tiempo de otra manera.
Huracán Katrina Foto:Cortesía del artista
¿En qué momento el tiempo empezó a convertirse en una pregunta para su obra?El tiempo siempre me ha fascinado, pero hubo algo que me hizo comprender de una manera muy concreta todas las posibilidades que puede contener un instante. Hay momentos en los que una decisión aparentemente pequeña puede cambiarlo todo: puedes seguir caminando o doblar una esquina y encontrarte con alguien que termina transformando tu vida.
Entonces comprendí que en un instante existen muchas posibilidades. Podríamos haber tomado otro camino, haber conocido a otra persona o haber estado en otro lugar. Me fascina pensar que existen varias vidas posibles, como si estuvieran flotando delante de nosotros, y que en determinados momentos podemos tomar una de ellas.
Ese vínculo entre el tiempo y el corazón también aparece en la literatura. ¿De dónde viene esa relación?Hay una frase muy bonita de Michael Ende, en Momo, que dice que la vida está en el corazón. Para mí, esa idea resume muy bien lo que estoy buscando en esta exposición: preguntarnos qué es realmente el tiempo y qué significa medirlo.
¿Hubo algún instante concreto de su vida que haya transformado su manera de hacer arte?Sí. Recuerdo una película francesa de los años noventa que me marcó mucho porque mostraba de una manera muy evidente esa multiplicidad de posibilidades de la que estoy hablando.
La historia presenta a una pareja que se busca y que, por cuestión de segundos, termina perdiéndose. En algún momento están en la misma ciudad, incluso en la misma calle, pero no llegan a encontrarse. Ese pequeño desfase temporal cambia completamente la historia.
Eso me fascina: pensar que todo puede cambiar en un segundo y que tenemos muchas posibles vidas flotando como potencialidades.
Desde hace años investigas patrones que aparecen en fenómenos tan distintos como el vuelo de una abeja, un río, un huracán o un relámpago. ¿Qué encontró en esas coincidencias?Durante el confinamiento empecé a profundizar mucho más en investigaciones científicas y en estudios sobre las olas, las abejas, las mariposas, los relámpagos, el tiempo y otros fenómenos. Me di cuenta de que muchas de esas líneas eran muy parecidas.
Cuando ves un relámpago, las venas del cuerpo, un huracán o la trayectoria de una abeja, te das cuenta de que las líneas tienen muchas similitudes. Es algo mágico cómo se repite ese patrón.
Espejismos Foto:Cortesía del artista
Yo no fui la primera en observarlo. Por ejemplo, Benoît Mandelbrot, el matemático que desarrolló la geometría fractal, llegó a los fractales estudiando precisamente irregularidades como las costas de los continentes o las formas de las nubes.
A mí me parece que una de las formas de percibir lo divino está justamente ahí: en ese patrón que se repite en diferentes escalas, materias y niveles. Un relámpago puede parecerse a una rama, una rama puede recordarnos otra estructura de la naturaleza y así sucesivamente.
¿Y por qué le parece importante encontrar esas conexiones?Porque cuando entiendes que todos formamos parte de un mismo sistema, también puedes volverte más compasivo. Cada vez que dañas una parte, estás dañándote a ti mismo.
Ojalá esa conciencia estuviera más presente. Creo que estaríamos en otro momento histórico. Muchas de las violencias que existen en el mundo parten de no reconocer al otro como parte de un todo al que también pertenecemos.
Lo mismo ocurre con los recursos naturales. Hay una especie de ignorancia sobre el hecho de que estamos dentro de un organismo vivo, que es la Tierra, y que somos parte de ella.
En varias de las obras de esta exposición las manecillas del reloj dejan de medir el tiempo y se convierten en líneas, formas y espacios. ¿Qué le interesa cuestionar de nuestra relación cotidiana con el reloj?Quiero desmantelar la idea del tiempo como aquello que nos da el reloj: un tiempo medido en segundos, minutos y horas.
Si miramos la historia del reloj, es muy interesante. Surgió, entre otras cosas, vinculado a los templos y los conventos, para determinar a qué hora había que rezar. Después, con la era industrial, también se convirtió en una herramienta para controlar los horarios de los trabajadores.
Entonces el tiempo que medimos a través del reloj también es una convención social.
Yo trato de desmantelar esa convención. Tomo las manecillas y hago otras cosas con ellas: las convierto en líneas, en formas, en gráficos. Me interesa que el espectador pueda detenerse y preguntarse por su propio tiempo, y quizá empezar a verlo de otra manera.
Además, estas piezas tienen algo particular porque las manecillas que utilizo son de relojes antiguos. Es un material que ya está prácticamente en desuso. Tengo una colección de estas piezas y me interesa también esa relación con otro momento histórico, cuando esos relojes eran objetos cotidianos y sus mecanismos formaban parte de la manera en que las personas entendían el paso del tiempo.
Ojalá la exposición invite a cada persona a escuchar su propio corazón Foto:Cortesía
¿Qué pasó cuando esa investigación llegó a Colombia? ¿Cambió algo en las obras?Sí, algunas cosas cambiaron. Por ejemplo, había realizado unas piezas con formas de relámpagos en mármol en España, donde ese material era más accesible. Aquí probé con vidrio y me interesaba que, a cierta distancia, parecieran vidrios rotos. Estoy muy contenta con el resultado.
También hice una serie de textiles porque Colombia tiene una tradición textil muy fuerte y quería incorporar algo local. Lo mismo ocurrió con algunas maderas y con las ramas que forman parte de las obras.
En ese sentido, las posibilidades que encontré aquí también hicieron que las piezas tomaran otros caminos.
En la exposición conviven vidrio, bronce, textiles, ramas, luz y manecillas de reloj. ¿Qué papel tienen los materiales dentro de su proceso?Para mí los materiales son simplemente medios. El hilo conductor está en el concepto.
Puedo utilizar mi pelo, como lo he hecho anteriormente, o cintas de casete, o ahora manecillas de reloj. Lo importante no es tanto el material en sí mismo, sino lo que me permite decir y las relaciones que puede generar.
Si el tiempo no siempre puede medirse y un instante puede contener tantas posibilidades, ¿Qué le gustaría que una persona se llevara de esta exposición después de salir de La Cometa y volver a su vida cotidiana?Me gustaría que pudiera detenerse un poco y escuchar.
Sé que es difícil porque vivimos rodeados de estímulos: los audífonos, el ruido, las pantallas, las cosas que tenemos que hacer. Casi nunca estamos en silencio.
Pero ojalá la exposición invite a cada persona a escuchar su propio corazón y a ser consciente de su tiempo.
Sobre todo, quisiera que recordáramos la importancia de actuar desde el corazón. A veces se nos olvida.
Laura Daniela Guzmán
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