Desde mediados del siglo XIX con experiencias casi minúsculas de producción de electricidad a pequeña escala, la primera central eléctrica de España -la primera que pudo considerarse como tal por su potencia- entró en funcionamiento en el centro de Barcelona en 1875. Funcionaba con gas natural. Ciento cincuenta años después en España son decenas de miles de instalaciones generadoras de electricidad. Y la mayoría ya son renovables.Seguir leyendo....
España actualmente cuenta con plantas de generación con una potencia que supera los 150.000 megavatios (MW). El doble que hace veinte años. Más del triple que hace treinta. Más de cuatro veces más que hace cuarenta. Y el reparto entre tecnologías se ha dado la vuelta.
El año pasado las grandes plantas fotovoltaicas dieron un ‘sorpasso’ histórico se convirtieron en la energía con más potencia instalada en el país (de facto, fue algo antes si se tienen en cuenta también las instalaciones de autoconsumo). La solar desbancaba a otra tecnología renovable, a los parques eólicos, que habían escalado como energía con más potencia en 2019 dejando atrás a las centrales de gas natural.
Ser la energía con más potencia instalada no implica ser la fuente que más produce ni la que más electricidad inyecta al sistema. La potencia instalada es un término que se utiliza para determinar la capacidad máxima de producción de electricidad de cada instalación o cada tecnología en condiciones óptimas.
Las energías renovables, por sus características y por depender de que haya viento, sol o agua, tienen una producción por lo general intermitente. Pero las plantas verdes tienen un peso cada vez mayor en el conjunto de la generación nacional.
A finales del siglo pasado, el mix energético de España estaba dominado por el carbón (con cerca del 40% de la producción total), la energía nuclear (en torno al 35%), la hidroeléctrica (entre el 15 y el 20%) y el gas natural (rondando el 10%). Las nuevas energías renovables, la eólica y la solar hace un cuarto de siglo apenas concentraban conjuntamente un testimonial 5% de la producción total. Sin embargo, en lo que va de año las plantas fotovoltaicas son la principal energía con un 23% del total; seguidas de la eólica, con casi un 20% (en los últimos años el viento ha sido la fuente líder), las centrales nucleares (con casi un 19%) y las hidroeléctricas (con un 11,5%).
El despliegue creciente de renovables está provocando que el peso de la energía verde ya sea mayoritario en el sector eléctrico español. El sistema eléctrico nacional acumula tres años consecutivos (va camino del cuarto) con más de la mitad de toda su producción energética generada por las instalaciones renovables. El sol, el viento y el agua ya han conseguido concentrar desde 2023 más de la mitad de toda la generación nacional, produciendo más energía que la suma de nucleares, centrales de gas y el puñado de plantas de carbón que quedan. Hace apenas quince años las plantas térmicas controlaban más del 80% de toda la producción.
En los primeros pasos de la industria eléctrica, la electricidad era generada en forma de corriente continua y no era posible transportarla a largas distancias. Así que su utilización se veía limitada al entorno de las plantas que las generaban. A principios del siglo XX se dio el paso a la corriente alterna, haciendo posible el transporte a gran distancia y la aparición de grandes redes eléctricas. En 1909 España disponía de la red de mayor longitud de Europa, con 260 kilómetros entre una central hidroeléctrica de Albacete y Madrid.
Hoy la capilarización extrema de las plantas de generación y del consumo hacen imprescindibles cada vez más y mejores redes eléctricas, que se erigen en columna vertebral de la electrificación y la transición sostenible del sector. España cuenta con más de 46.000 kilómetros de redes de transporte y unos 300.000 kilómetros de redes de distribución, y el sector se prepara para una fuerte ampliación en los próximos años para paliar el actual problema de saturación y para atender la avalancha de nuevas peticiones de conexión