Nos preguntábamos antes del estreno qué nos iba a ofrecer un nuevo programa titulado Cosas nuestras. Lo único que sabíamos, puesto que es la única pista que nos adelantaban, es que se trataba de un programa en directo. ¿Pero habría invitados? ¿Entrevistarían a alguien interesante? ¿Habría una tertulia conde nos hablaran de las relaciones tóxicas, ese tema que cae bien a cualquier hora del día y en cualquier formato de estreno?
Nos preguntábamos antes del estreno qué nos iba a ofrecer un nuevo programa titulado Cosas nuestras. Lo único que sabíamos, puesto que es la única pista que nos adelantaban, es que se trataba de un programa en directo. ¿Pero habría invitados? ¿Entrevistarían a alguien interesante? ¿Habría una tertulia conde nos hablaran de las relaciones tóxicas, ese tema que cae bien a cualquier hora del día y en cualquier formato de estreno?
Pues llegó la hora de arrancar, y con un cuarto de hora de retraso Aitor Albizua y Aida Bao nos demostraron cómo no sólo todo está inventado, sino algo más evidente, que cuando las cosas funcionan bien, mejor dejarlas que actúen por inercia que forzar la maquinaria.
Media España se encontraba durante el fin de semana manifestándose por la irritante situación de la vivienda y la otra media esquivando las riadas que castigaron a lugares tan distantes como Cataluña y Castilla-La Mancha.
Pronto constatamos que el programa Cosas nuestras no escondía ningún as debajo de la manga. Efectivamente, sus contenidos se movían entre los reporteros que seguían las acampadas en Sol y las manifestaciones de aquí y de allí, y la conexión con los vecinos que habían sufrido en sus carnes el azote del agua, arañando sus casas y comercios. Pero sucede que eso era, ni más ni menos, lo que estaba llevando a cabo de forma continua el Canal 24 horas, el de información continua, y otros formatos bregados en el arte del reporterismo callejero.
Hubo un momento muy revelador del estreno de Cosas nuestras. Cuando apareció el meteorólogo de guardia para estos menesteres a informar de los desastres del temporal fue él quien tuvo que preguntar a los presentadores, y no al revés, el nombre de la localidad donde había perdido la vida una señora de cien años. Se trataba de Madrigueras. Y así todo.
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