Un broche dorado para unas fiestas muy esperadas y que estuvieron ciertamente empañadas por la lluvia. Crevillent cerró este lunes sus celebraciones de Moros y Cristianos en honor a San Francisco de Asís con una jornada tan intensa como poco habitual, marcada por los cambios que obligó a introducir la alerta naranja del viernes.
Un broche dorado para unas fiestas muy esperadas y que estuvieron ciertamente empañadas por la lluvia. Crevillent cerró este lunes sus celebraciones de Moros y Cristianos en honor a San Francisco de Asís con una jornada tan intensa como poco habitual, marcada por los cambios que obligó a introducir la alerta naranja del viernes.
El aplazamiento de la Embajada al Ra’is a este lunes hizo que, finalmente, las dos embajadas se concentraran en el último día dejando una estampa que recordó a otros tiempos, prácticamente al modelo de hace unos tres lustros cuando la asociación festera tomó la determinación de dispersar las dos representaciones dejando las Entradas entre medias para ganar sentido histórico.
Después de una resaca emocional desde el numeroso desfile infantil y las salidas a lo grande de los dos bandos las inclemencias meteorológicas hicieron que en apenas unas horas se celebrasen este 5 de octubre algunos de los actos más representativos de la trilogía festera dejando a los comparsistas prácticamente sin respiro.
Desde primera hora el municipio alfombrero se echó a la calle a la llamada de la primera de las embajadas, que devolvió el protagonismo a los parlamentos y a la pólvora, con Ignacio Francisco Candela Fuentes encarnando este año al Ra’is y con la participación de los embajadores Antonio Ferrández Caravaca, Jaime Antón Mas y José Manuel Alfonso Maciá, responsables de poner voz a los distintos bandos y a los textos de Salvador Domenech de 1976 en unas representaciones declaradas como Bien Inmaterial de Relevancia Local.

Un momento de la Embajada al Ra'is por la mañana en Crevillent. / INFORMACION
A plena luz del día, y de forma atípica al menos para quienes no conocieron la celebración de forma matutina, se escenificó el conflicto cuando el gobernante musulmán se negó a renovar su fidelidad a Castilla. Un despliegue de festeros figurantes elevaron el tono hasta apresar al Ra´is dejando abierta una historia que se resolvería ocho horas después con la Embajada al Rey Jaume I. Uno de los momentos más entrañables fue la aparición en la representación de Mayte Pastor Gonzálvez como la quinta mujer en hacerse con el papel de Heula, y más teniendo en cuenta que la crevillentina, festera de Dragones San Jorge, lleva prácticamente dos décadas ejerciendo la dirección escénica de las Embajadas, por lo que pasó esta vez de estar entre bambalinas a copar todas las miradas como una de las grandes protagonistas en la piel de un personaje femenino histórico a la que se le atribuyó la venta del señorío de Crevillent al reino de Aragón en 1320.
BoatoDespués de la tensión por el asedio al castillo tras una cruzada entre flechas y efectos de fuego, y al librarse la escaramuza entre embajador castellano y los guardianes del Ra’is, se dio paso a la Ofrenda floral. Una de las imágenes más emotivas de estos días llegó cuando la comparsa Berberiscos recibió una prolongada ovación a su llegada después de que el domingo la tromba de agua sorprendiera de lleno a sus integrantes durante la Entrada Mora y desluciera buena parte del boato de la Capitanía Mora. La lluvia cayó con especial intensidad cuando la comparsa debía exhibir uno de los trabajos más esperados y dejó a muchos comparsistas sin poder completar el recorrido en las condiciones que habían imaginado durante meses.
Este lunes, sin embargo, compañeros de otras comparsas quisieron devolverles parte de aquello que el agua les había arrebatado y después de todas las ilusiones puestas como confesó días antes a INFORMACIÓN el capitán moro, José Antonio Sánchez, "El Maqui", que justo el día del desfile también celebraba el cumpleaños de sus dos hijos en una jornada en la que cumplía un sueño después de dos décadas imaginando estar encima de la carroza junto a Nuria Vives como Gran Moravita.
Los aplausos se sucedieron a las puertas de la iglesia Nuestra Señora de Belén que dejaron escenas de emoción entre los integrantes de la comparsa, con algunos de ellos visiblemente conmovidos y entre lágrimas. El gesto de desagravio colectivo se extendió hasta la misa donde el párroco Joaquín Carlos también aludió durante la eucaristía a las dificultades por las inclemencias meteorológicas y puso el acento en uno de los elementos que mejor define estos días: la emoción que rodea a la Fiesta y que va mucho más allá de los trajes, los boatos o los desfiles.
TradiciónEl patrón fue agasajado además de una forma singular, ya que por primera vez, las flores depositadas por las comparsas sirvieron para dibujar la cruz y la media luna junto a la imagen del patrón, San Francisco de Asís. Cada agrupación acudió con unas flores determinadas, y de un color prefijado, para ir conformando una composición previamente diseñada en unos paneles que terminó tomando forma a medida que avanzaba el acto.
Según explicaron desde la propia organización, la idea llevaba años madurándose y vio la luz este 2026 coincidiendo con los 800 años del tránsito de la muerte de San Francisco de Asís.
Con esta nueva tradición, que no será excepcional con el reto de consolidarse, se reforzó el carácter solemne de una jornada que después de la sobremesa volvió a caldear el ambiente desde la Plaza de la Constitución con la Embajada al Rey Jaume I.

Un momento de la participación de Mayte Pastor como Heula en la Embajada al Ra'is. / INFORMACION
Una recreación en la que primó el diálogo y la negociación entre los bandos, con el desfile de los principales cargos de la Fiesta y la presencia de los capitanes de este 2026, José Antonio Sánchez Ruiz como Capitán Moro de Berberiscos y Juan Bautista Pérez Hurtado, Capitán Cristiano de Guerreros Astures.

Paneles florales de los dos bandos en honor al patrón de Crevillent. / INFORMACION
José Miguel Ferrández Caravaca en el papel de Jaume I fue el verdadero protagonista después de que el bando musulmán buscase la mediación del monarca aragonés para lograr la liberación de su gobernante, iniciándose una negociación que terminó con un acuerdo entre ambas partes. Entre danzas el Ra’is recuperó su libertad y Crevillent quedó bajo la protección y vasallaje de Jaume I, con la entrega de sus fortalezas como garantía del pacto. Lo que nuevamente volvió a hacer única a la representación de conquista militar de Crevillent fue que se pusiera el acento en la negociación y el acuerdo, y en un clima en el que participaron infinidad de festeros.
Con esa sensación de paz cientos de festeros y visitantes enfilaron a la caída de la noche la parroquia de la Santísima Trinidad, hasta donde había sido trasladada en romería al mediodía la imagen del santo, para recorrer en procesión el centro, con puntos inconfundibles como la Plaza Chapí o Blasco Ibáñez acompañado por comparsistas y vecinos hasta regresar a la parroquia de Nuestra Señora de Belén. Antes de concluir en el templo sagrado sonó el Himno a la Festa mientras que el castillo de fuegos artificiales estaba previsto que pusiera fin a unos días repletos de jolgorio y devoción.
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