Una Impala puede despertar el recuerdo de una primera moto, de los desplazamientos al trabajo o de aquellas excursiones que empezaban cuando terminaba la semana. Una Cota lleva la conversación hacia la montaña y una Cappra, hacia los circuitos de tierra. Las tres forman parte de VIVA Montesa, la exposición del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC), en Terrassa, que reúne 80 motocicletas para recorrer la historia de una marca que ayudó a poner el país sobre dos ruedas.
Una Impala puede despertar el recuerdo de una primera moto, de los desplazamientos al trabajo o de aquellas excursiones que empezaban cuando terminaba la semana. Una Cota lleva la conversación hacia la montaña y una Cappra, hacia los circuitos de tierra. Las tres forman parte de “VIVA Montesa”, la exposición del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC), en Terrassa, que reúne 80 motocicletas para recorrer la historia de una marca que ayudó a poner el país sobre dos ruedas.

La exposición “VIVA Montesa” del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC) / Montesa // S.M.
La muestra, renovada con motivo del 80.º aniversario de Montesa, se inauguró el pasado 29 de septiembre con la presencia de Toni Bou y Gabriel Marcelli, dos nombres que conectan ese pasado con la actualidad deportiva de la compañía. Según Montesa Honda, permanecerá abierta durante los próximos dos años. Una oportunidad para acercarse a las motos que marcaron a varias generaciones y descubrir qué había detrás de sus depósitos, sus motores y sus resultados en competición.
Porque la historia de Montesa también explica cómo se construyó una industria en tiempos difíciles. La marca nació en Barcelona en 1945, impulsada por Pere Permanyer y Francisco Xavier Bultó, en una posguerra con escasez de materiales y una necesidad creciente de transporte económico. La A-45 fue el primer modelo que llevó su nombre. Aquellas motocicletas respondían a una demanda muy concreta: desplazarse cuando disponer de un automóvil todavía quedaba lejos del alcance de muchas familias.

La exposición “VIVA Montesa” del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC) / Montesa // S.M.
El museo dedica un reconocimiento especial a Permanyer, cuya trayectoria permite entender la dimensión empresarial del proyecto. Junto a las motocicletas, la exposición incorpora motores, documentación y material gráfico de la Colección Permanyer. Ese contexto ayuda a leer cada pieza más allá de su aspecto: qué solución aportaba, a qué público se dirigía y cómo encajaba en la evolución de la empresa. La selección incluye nombres esenciales como A-45, Brío, Impala, Cappra y Cota.
La Impala ocupa un lugar especialmente cercano para el público catalán. Diseñada por Leopoldo Milà, se convirtió en uno de los grandes éxitos de Montesa y acompañó una etapa de expansión que llevó a la compañía a estrenar fábrica en Esplugues de Llobregat. Su historia contiene, además, una aventura difícil de igualar como presentación de producto: en 1962, cinco motoristas atravesaron África con prototipos del modelo, desde Ciudad del Cabo hasta Barcelona. La Operación Impala puso a prueba su resistencia antes de que se ganara su sitio en las calles.

La exposición “VIVA Montesa” del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC) / Montesa // S.M.
La exposición permite seguir después el salto hacia las motos de campo. El recorrido se organiza en tres etapas: los años fundacionales hasta la llegada de la Impala, la expansión industrial y deportiva, y la colaboración con Honda. Entre ellas aparece una Montesa que amplió sus horizontes hacia el trial, el motocross y el enduro, además de la carretera. Comparar esas motocicletas invita a observar cómo cambia el diseño cuando el objetivo pasa de cubrir un trayecto cotidiano a superar obstáculos o competir sobre tierra.
Uno de los principales atractivos de esta renovación es el espacio temporal dedicado al motocross de competición. Reúne modelos originales que, según el museo, se exponen juntos por primera vez y repasa la actividad deportiva de Montesa desde comienzos de los años sesenta hasta mediados de los ochenta. Es una buena ocasión para ampliar la mirada sobre una marca que muchos identifican hoy, sobre todo, con el trial. Las motos de cross recuperan aquí su protagonismo dentro de una trayectoria mucho más diversa.

La exposición “VIVA Montesa” del Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (MNACTEC) / Montesa // S.M.
La etapa junto a Honda completa el relato de una empresa que consiguió sobrevivir a las crisis del sector y encontrar continuidad en la especialización. El trial conserva ese vínculo entre desarrollo técnico y competición que atraviesa toda la exposición. La presencia de Bou y Marcelli en la inauguración refuerza precisamente esa conexión: las motocicletas históricas comparten marca con las que siguen compitiendo en la actualidad.
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Situado en la rambla d’Ègara, 270, el MNACTEC ofrece así una propuesta que puede interesar tanto al aficionado como a quien quiera conocer una parte de la historia industrial catalana. La entrada general cuesta siete euros y la reducida, cinco. El reto será conseguir que también los visitantes más jóvenes hagan suyas estas historias: quienes nunca han conducido una Impala necesitarán descubrir qué significó para sus usuarios. Ahí, en las vidas que acompañaron a cada moto, queda un terreno especialmente atractivo para seguir ampliando el relato.