El abanico tiene una historia mucho más antigua de lo que parece y ha sido, además de un objeto para refrescarse, un símbolo de moda, estatus y comunicación.
Bien recordada es esa escena de Lo que el viento se llevó (1939) en la que Scarlett O'Hara utiliza un abanico como parte de su estilismo. No está ahí solamente para combatir el calor. Por aquel entonces, este accesorio formaba parte de la indumentaria y de la etiqueta: se abría, se cerraba, se movía y se utilizaba para acompañar la conversación. Era casi una extensión del lenguaje corporal.
Lo mismo ocurre en Memorias de una geisha (2005), cuando Sayuri utiliza el abanico durante una actuación de danza tradicional. El abanico no es simplemente un complemento, forma parte de la coreografía y ayuda a expresar elegancia, sensualidad y emoción que la protagonista busca transmitir. Y es que, el abanico es esa pieza asociada a la cultura española que tiene mucha más historia de lo que parece y que, además de un objeto para refrescarse, fue un símbolo de moda, estatus y comunicación.
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Aunque, como decimos, el abanico es un complemento que parece sacado de las tradiciones y la cultura de nuestro país, lo cierto es que tiene sus orígenes en otras civilizaciones antiguas, como Egipto, China e India. De hecho, es en el antiguo Egipto donde los abanicos de plumas aparecen representados junto a faraones y personajes de alto rango. Por aquel entonces no eran plegables y servían para refrescarse, espantar insectos o formar parte de ceremonias y tradiciones.
La versión plegable llegó más tarde en Japón y adquirió usos muy diversos, ya que podía encontrarse en el teatro, la danza y las artes musicales, pero también en la vida cotidiana. No fue hasta el siglo XVI cuando llegó a Europa gracias a las relaciones comerciales con Asia.

Desde entonces se convirtió en un accesorio de moda habitual entre las clases acomodadas. Para hacer alarde de ese poder adquisitivo y pertenecer a esa clase privilegiada, los abanicos iban acompañados de detalles como pinturas, bordados, encajes e incluso materiales como el marfil, el nácar y piedras decorativas.
En Valencia y AndalucíaEn España desarrolló una tradición particularmente fuerte. Ciudades como Valencia se convirtieron en importantes centros de fabricación y el abanico acabó asociado a figuras como la maja y su indumentaria tradicional. Aquí predominaron opciones de madera, tela, papel, seda, nácar y otros materiales, aunque muchos de ellos también estaban pintados a mano.

En Andalucía, el abanico quedó muy ligado a la imagen de la mujer y pasó a formar parte del imaginario del traje, el baile y la seducción. Tanto es así que se incorporó como elemento escénico en el flamenco junto con el mantón, la bata de cola, las castañuelas y las flores.
El lenguaje del abanicoFue precisamente con su arraigo en nuestro país cuando surgió toda una cultura alrededor de los gestos realizados con el abanico. Se popularizó la idea de que determinados movimientos podían transmitir mensajes como interés, rechazo o impaciencia. Y es que se decía que el abanico tenía un lenguaje propio.

Por ejemplo, cerrarlo lentamente, apoyarlo en la mejilla o esconder los ojos detrás de él eran gestos a los que se atribuían significados amorosos. Un código universal que, aunque es bastante conocido, tiene más de mito que de realidad, ya que todo dependía de la cultura y de un conjunto de dichos populares que se fueron popularizando posteriormente.
Pero esta no es la única curiosidad de este complemento tan de moda en la actualidad. Estos mensajes tenían un gran poder de seducción y misterio, por lo que el abanico se asociaba a los bailes y a la posibilidad de ocultar parcialmente el rostro detrás de él, permitiendo mirar sin ser observado con tanta facilidad.

De hecho, el abanico también fue masculino, especialmente en determinadas épocas y ambientes cortesanos. Y, como decimos, era un símbolo de estatus, ya que algunos de ellos eran auténticas joyas gracias a materiales como el oro, la plata, el encaje o incluso las piedras preciosas, que hacían que pudieran costar una auténtica fortuna.
Pero si nos remontamos a los siglos XVIII y XIX, el uso del abanico era mucho más importante de lo que tenemos en la actualidad. Y es que en ellos se imprimían mapas, acontecimientos históricos, retratos de personajes famosos, poemas e incluso publicidad. Como si se tratara de un periódico en miniatura, además de refrescar, era un aliado para enterarse de las novedades.
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