¿Qué recuerdos permanecerán para siempre en su memoria del concierto que grabó hace unos meses y que ha publicado ahora bajo el título Live-Palau!?
¿Qué recuerdos permanecerán para siempre en su memoria del concierto que grabó hace unos meses y que ha publicado ahora bajo el título Live-Palau!?
Si abres el vinilo verás que hay fotos de todo el mundo, de la gente que participó en el escenario y también del público. Para mí fue un concierto mucho más humano que musical, y mira que fue musical, pero hubo algo que me pilló por sorpresa: las emociones. Me emocionó mucho que todo el mundo estuviera a mi lado, y también el gran abrazo que significó que tantos amigos se hubieran reunido para celebrarlo conmigo.
¿Por qué eligió el Palau de la Música Catalana?
No lo elegí yo, pero cuando me dijeron que sería en el Palau la emoción me embargó, porque es un lugar en el que he querido tocar desde la primera vez que lo pisé como público. Me acuerdo que era un recital de poesía de Patti Smith, todo el mundo pensábamos que afuera se había puesto a tronar y a llover, y era parte del espectáculo. Estuvieron tirando agua, que por otro lado no es muy ecológico, y fabricando los truenos y los relámpagos, artificialmente, y fue alucinante.
¿Patti Smith sigue siendo un faro al que seguir?
Sí, pero no más que a otros. No ha sido una influencia musical muy profunda pero me inspira muchas cosas: es una mujer muy coherente, muy potente, y es además un personaje luminoso que lleva luz al mundo. ¡Qué más queremos, en el momento que vivimos, que haya personas así!
Christina Rosenvinge, Mikel Erentxun, Anni B. Sweet, Howe Gelb, el Quartet Brossa… ¿Qué buscaba en los 30 músicos invitados que le arroparon?
Los 30 son músicos de mis cinco bandas en estos 20 años, y con ellos quería revivir los momentos más bonitos de mi carrera, porque si algo me ha dado consuelo en momentos duros han sido las personas con las que he estado tocando. Los muchos amigos que vinieron a cantar conmigo tienen sus propias carreras, y la verdad, solamente buscaba que brillaran. Pensé mucho en qué canción darle a cada uno, porque quería que brillaran al máximo. Al final es una simbiosis, ellos tuvieron la generosidad de estar conmigo aquel día y yo quería que estuvieran lo mejor posible dentro de mi música y pudieran dar lo mejor de sí.
¿Han sido muchos los momentos duros en su carrera?
No han sido pocos (risas). He conocido a gente, por ejemplo Mikel Erentxun, que siempre ha tenido el mismo mánager y la misma discográfica desde el principio. Pero eso es tan raro, tan difícil de encontrar... Los demás tenemos otras historias, cada uno podríamos escribir un libro sobre todos los personajes que rodean a la música, que normalmente no son los músicos, y algún pieza siempre te encuentras. La industria, en general, es sorprendentemente dura.
¿Usted que le pide a una discográfica para trabajar a gusto con ella?
Primero, respeto por mi música. Mi primer disco fue autoeditado, y con el segundo ya entré al mundo discográfico teniendo cosas labradas, y ya no era tan fácil que metieran mano a mi música. Eso también era quizá una práctica que se hacía más antes. Pero eso es lo primero, un control absoluto sobre mi sonido y que se callen la boca en cuanto a mis decisiones artísticas. Después, aparte de respeto a todos los niveles, pido agilidad al hacer las cosas, una voluntad de hacer cosas e ilusión por el proyecto.
¿Cómo se logra eso tan complejo en su oficio como es encontrar un sonido propio?
Como tantas otras cosas, eso se encuentra trabajando. Creo que es importante sobre todo perseguir una visión, porque en el momento en el que no la tienes vas más a ciegas. Pero aún así, si tienes criterio, al menos vas quitándote de en medio las cosas que no te funcionan, que no van contigo, que te chirrían. Creo que ese es el camino.
¿Dónde estaban los mallorquines en su concierto del Palau?
Los hubo: el bajista de mi primera banda, con la que estoy ahora girando, Juan Carlos Luque; y también estuvo una menorquina, Francina Mercadal, trombonista en mi anterior gira, la de Búnker Rococo.
El primero en aparecer en Live-Palau! es Paul Fuster, ¿un músico del que siempre ha estado enamorada?
Sí, le conozco de hace tantos años... Es mi gran amigo y nunca habíamos cantado ni tocado juntos, lo cual es muy extraño. Así que fue muy emocionante, porque mirarle sobre el escenario era recordar un montón de buenos momentos con él. Es una persona muy especial y un músico que merece mucho reconocimiento.
«Això no em passa mai: no sé si podré cantar», fueron sus primeras palabras en el Palau.
Sí, salí al escenario ya secándome las lágrimas. No hizo falta empezar a tocar para emocionarme. Es algo que nunca me había pasado, pero también es cierto que nunca había hecho un concierto logísticamente tan grande. Recibir todos esos aplausos nada más salir fue algo muy bonito.
Que nadie piense que lo suyo fue miedo escénico.
He tenido la suerte de no tener pánico escénico nunca. Tengo amigos que han tenido que dejar la música por el miedo y el estrés que les causaba salir al escenario, así que me cuento como una de las afortunadas.
La música es una bendición, ¿en ocasiones también es un castigo?
Es un castigo si crees que le debes algo a tu potencial o a tu amor por ella, o cuando te la tomas como una obligación.
¿Qué significa para usted cumplir 20 años desde la publicación de su primer disco?
Significa que no tiras la toalla, básicamente, y te digo que ha habido muchos momentos en los que lo he pensado. Significa, por otro lado, que son 20 años de experiencia. Escribo mejores canciones ahora que antes y soy mejor en lo que hago ahora que antes.
¿Cómo era aquella primera canción que escribió con 12 años?
Inocente. Detrás de aquella canción había muchísimo misterio, y muchas ganas de explorar qué más podía salir de mí.
¿La guitarra le ayudó a crecer como cantante?
Sí, porque la guitarra es un instrumento en el que soy autodidacta y la guitarra me dio libertad. El piano, habiendo hecho clásico, significaba para mí algo más rígido y algo menos creativo en ese momento. Luego cambiaron las cosas, pero en ese momento sí, la guitarra me dio una libertad que necesitaba como compositora, sobre todo, más que como cantante.
¿Qué concierto, como espectadora, tiene marcado en su agenda?
El de Anni B Sweet [17 de octubre en el Parc de la UIB] y el de Sexy Sadie [24 de octubre, en Motorworld, Festival Mutante]. Al igual que Patti Smith, Jaime García es un tío que lleva la luz allá donde va.
«Me gustaría vivir en el campo, tener mi local de ensayo ahí y poner en marcha un proyecto de permacultura», me confesó hace casi una década. ¿Cumplió ya sus sueños?
Pues estoy muy bien encaminada (ríe). Me falta poner el suelo en el local, vivo en el campo y estoy haciendo cosas permaculturalmente en el terreno.
Rosalía fue galardonada hace unos días con el Premio Nacional de las Musicas Actuales. ¿Figura en su play list?
No, pero Rosalía lo hace muy bien.
¿Cómo ha encajado la muerte de una mujer que ya es un símbolo, Maricarmen?
Me ha parecido muy triste. ¿Qué esperaban de una mujer tan mayor a la que habían hecho enfermar? Que le hayan hecho vivir los cuatro últimos años de su vida de la manera en la que se la han hecho vivir, con lo que significa el miedo a perder el techo sobre tu cabeza... ¿Cómo no iba a desembocar en esto? Por desgracia, si se quiere ver como una metáfora, es escalofriante y es lógica con la que está cayendo. Estamos permitiendo que los valores humanos se pierdan y se postren ante el dinero.
En 2019 ya alertaba de los peligros del turismo de masas: «Tenemos un paraíso y debemos cuidarlo, se debe legislar».
Hemos suspendido en esta materia. Hay tantas cosas que se podrían hacer… No se está protegiendo a la gente. A los políticos les votamos la gente de aquí y deben trabajar para el bienestar de la gente de aquí, primero y ante todo. Y el bienestar no es siempre el dinero, también es el entorno. Y no se está cuidando ni a la gente ni al entorno.
Dejó Madrid hace unos cinco años para volver a residir en su Mallorca.
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Sí, como todos los mallorquines que nos vamos parece que siempre tenemos que volver. Hay algo magnético aquí, aparte de la belleza que tiene Mallorca.
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