Después de meses de sol, altas temperaturas, cloro y agua del mar, la piel puede mostrar algunas de las consecuencias del verano. Sequedad, pérdida de luminosidad, manchas, rojeces o un tono irregular son frecuentes en esta época, pero el final de las vacaciones también constituye un buen momento para revisar la piel y detectar posibles cambios que requieran valoración dermatológica.