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Infusión intratecal: así funciona la bomba que permite aliviar el dolor oncológico con menos medicación

Дата публикации: 20-10-2026 08:10:52

El dolor es uno de los síntomas que más afecta a la calidad de vida de los pacientes con cáncer, se estima que al 90% de ellos, especialmente cuando los tratamientos habituales no consiguen aliviarlo. Sin embargo, existe una alternativa todavía poco conocida que permite administrar analgésicos directamente cerca de la médula espinal mediante una pequeña bomba implantada bajo la piel. Se trata de la infusión intratecal, una técnica que puede mejorar el control del dolor y reducir considerablemente las dosis de medicación y sus efectos secundarios. Seguir leyendo....

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El dolor es uno de los síntomas que más afecta a la calidad de vida de los pacientes con cáncer, se estima que al 90% de ellos, especialmente cuando los tratamientos habituales no consiguen aliviarlo. Sin embargo, existe una alternativa todavía poco conocida que permite administrar analgésicos directamente cerca de la médula espinal mediante una pequeña bomba implantada bajo la piel. Se trata de la infusión intratecal, una técnica que puede mejorar el control del dolor y reducir considerablemente las dosis de medicación y sus efectos secundarios.

El doctor Ramón Orza, especialista de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Canarias (HUC) y pionero en esta técnica, explica cómo funciona, qué pacientes pueden beneficiarse y por qué es importante dar a conocer esta opción terapéutica.

Qué es la infusión intratecal

La infusión intratecal es una técnica que permite administrar fármacos analgésicos directamente en una zona cercana a la médula espinal, donde se encuentran las vías que transmiten el dolor. "Para ello utilizamos un dispositivo, una bomba que se implanta debajo de la piel y que administra la medicación de forma continua a través de un catéter colocado en el espacio intratecal, dentro de la duramadre", señala el anestesista.

Con este procedimiento se consiguen dos objetivos fundamentales. El primero es actuar directamente sobre las vías del dolor mediante fármacos como la morfina, que también pueden combinarse con anestésicos locales. Estos últimos tienen capacidad para producir un bloqueo nervioso y potenciar el efecto analgésico.

El doctor Ramón Orza, especialista de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Canarias (HUC)

El doctor Ramón Orza, especialista de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Canarias (HUC) / Cedida

El segundo objetivo es reducir considerablemente la cantidad de medicación que el paciente necesita tomar por vía oral o sistémica. Cuando administramos estos medicamentos por vía oral, tienen que recorrer el organismo hasta llegar a los receptores donde ejercen su efecto. Sin embargo, con la infusión intratecal los depositamos directamente en el lugar donde deben actuar.

Así, se utilizan dosis mucho menores. "Como referencia, en determinadas conversiones de morfina, la dosis oral puede ser unas 300 veces superior a la intratecal. De esta manera conseguimos disminuir notablemente la medicación sistémica y sus efectos secundarios".

El 85% de los pacientes siente alivio del dolor

Existen estudios clásicos que muestran que, frente a tasas de control del dolor de entre el 60% y el 70% con determinados tratamientos sistémicos, con la terapia intratecal se pueden alcanzar cifras cercanas al 85%. Son resultados que ponen de manifiesto el potencial de esta técnica para mejorar el tratamiento del dolor en pacientes seleccionados. Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos.

"Es fundamental individualizar cada caso y valorar las características del dolor, la situación clínica y las necesidades de cada persona", recalca el doctor Orza.

Como anestesista especializado en el tratamiento del dolor, "siempre insisto en que los pacientes oncológicos deberían tener acceso a una valoración por parte de una Unidad del Dolor. Las recomendaciones actuales apuntan a considerar estas opciones terapéuticas de manera temprana cuando están indicadas".

El doctor matiza que "cualquier paciente con cáncer que presente problemas de dolor debería plantear a su oncólogo o a su médico de Atención Primaria la posibilidad de ser derivado a una Unidad del Dolor".

En estas unidades no solo se disponen de bombas intratecales. "También podemos ofrecer otros tratamientos intervencionistas, como la radiofrecuencia o determinados procedimientos de neurólisis, que permiten actuar sobre las vías nerviosas implicadas en el dolor y reducir la necesidad de medicación sistémica".

Actualmente, la terapia intratecal constituye una de las opciones recomendadas en determinadas guías clínicas para pacientes con dolor oncológico refractario, es decir, aquel que no se controla adecuadamente con los tratamientos habituales.

Daño neuronal

El dolor oncológico es muy complejo porque puede tener diferentes orígenes. Podemos distinguir, fundamentalmente, el dolor visceral, el nociceptivo y el neuropático.

El dolor puede producirse por la invasión del tumor en determinadas estructuras del organismo, como los nervios o los huesos. También puede aparecer como consecuencia de los propios tratamientos contra el cáncer. Por ejemplo, algunos fármacos quimioterápicos pueden provocar daño neuronal y producir dolor neuropático.

A esto se suman otros factores, como la inmovilidad o las patologías asociadas que pueda tener el paciente.

Por tanto, el dolor oncológico suele ser multifactorial. Es poco frecuente que un paciente presente un único tipo de dolor. Lo habitual es que confluyan distintos mecanismos y que, además, el dolor pueda cambiar de intensidad o localización a medida que evoluciona la enfermedad.

Actúa en varias zonas del cuerpo

Una de las ventajas de esta técnica -que también se utiliza en otros hospitales de nuestro país. es que puede ofrecer un tratamiento mantenido en el tiempo y actuar sobre distintas áreas del organismo, dependiendo de dónde se sitúe el catéter.

"Por ejemplo, si colocamos el catéter a un nivel adecuado para tratar el dolor de las extremidades inferiores, podemos conseguir analgesia en zonas como las caderas, las rodillas o ambas piernas. Esto resulta especialmente interesante en oncología, porque el dolor puede ir cambiando a lo largo de la enfermedad. La infusión intratecal nos permite cubrir una región relativamente amplia y adaptar el tratamiento a las necesidades del paciente", explica el especialista.

El principal beneficio es que "conseguimos reducir los efectos secundarios asociados a la medicación sistémica, porque podemos disminuir de forma muy importante las dosis que recibe el paciente por otras vías". Evidentemente, la infusión intratecal también puede tener "efectos adversos, como cualquier procedimiento médico, pero nos permite reducir muchos de los problemas derivados del uso de dosis elevadas de analgésicos".

Y el doctor Orza pone un ejemplo: "hace unas dos semanas implantamos una bomba a un paciente que tomaba 400 miligramos diarios de metadona por vía oral. Tras el procedimiento, pasó a recibir dos miligramos de morfina intratecal".

Es un ejemplo de cómo podemos modificar de manera muy significativa el tratamiento farmacológico. Naturalmente, las dosis y los medicamentos deben ajustarse individualmente y no pueden compararse de forma directa sin tener en cuenta sus equivalencias.

Implantado debajo de la piel

También se consiguen mejoras en determinados síntomas asociados a los opioides, como el estreñimiento, aunque este efecto depende de cada paciente. La administración de anestésicos locales puede producir un bloqueo de las vías simpáticas y favorecer la actividad parasimpática, lo que en algunos casos contribuye a mejorar el tránsito intestinal.

Para su implantación es necesario realizar una pequeña intervención quirúrgica que dura aproximadamente una hora y media. "En nuestro caso utilizamos anestesia regional, de manera que anestesiamos la parte inferior del cuerpo. Realizamos una pequeña incisión en la espalda, de unos dos centímetros, para introducir el catéter en el espacio intratecal".

Posteriormente, ese catéter se conduce por debajo de la piel hasta el abdomen, donde se realiza otra incisión para crear un pequeño bolsillo subcutáneo en el que alojamos la bomba.

El dispositivo tiene un tamaño relativamente reducido, aproximadamente similar al de una cajetilla de tabaco, y queda implantado debajo de la piel.

Una vez colocado, la bomba administra de manera continua la medicación programada.

Fuente: La Nueva España

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