-Recientemente ha publicado Todas las noches, todas las ciudades (Ediciones Destino), la tercera y última entrega de Los valles tranquilos. ¿Cómo lo está viviendo y cómo está siendo la acogida?
-Recientemente ha publicado Todas las noches, todas las ciudades (Ediciones Destino), la tercera y última entrega de Los valles tranquilos. ¿Cómo lo está viviendo y cómo está siendo la acogida?
-Hace apenas 24 horas que ha nacido mi criatura, como quien dice, y la acogida está siendo como en cada ocasión durante los últimos años, con todas mis novelas: muchos lectores esperándola y una gran alegría. Es verdad que, independientemente de que pasen los años y las novelas, vivo cada publicación como el enorme privilegio que supone que haya lectores esperándome. Aunque, por una parte, sé que esos lectores están ahí y que son como una red de seguridad que siempre me acoge, eso no deja de provocarme cierto vacío en el estómago, cierta sensación de lanzarme por una montaña rusa. Siempre es emocionante y siempre vuelves a preguntarte si les gustará, si estarán satisfechos, si disfrutarán de nuevo y si volverán a concederte ese privilegio que es que te lean.
-¿Alguna vez imaginó alcanzar las dimensiones a las que ha llegado su trabajo?
-Si dijera que no, mentiría. Además, siempre que alguien que empieza en el mundo de la escritura, del cine o de cualquier disciplina creativa me lo pregunta, le digo que es importantísimo soñar y creer que puede ocurrir. Creo que no ha habido nunca un actor que haya ganado un Oscar que no hubiera ensayado antes su discurso con el bote de champú en el cuarto de baño de su casa. Hay que creer que se puede, hay que soñar que eso va a ocurrir, porque es lo que te dará la fuerza necesaria para realizar todo el esfuerzo que hace falta. Sin duda, no va a caer del cielo. Es una carrera que requiere muchísimo tiempo, esfuerzo y una gran apuesta personal. En algunos momentos también aparecen muchas dudas y hay que vencerlas. Pero, desde luego, si no piensas que las cosas pueden pasar, nunca van a ocurrir. Creo que hay que tener fe. Creo que la fe, de verdad, mueve montañas.
-¿Practicó usted mucho su firma?
-Creo que no hay ningún escritor que no piense alguna vez: «Ostras, pues igual algún día pasa algo importante, me dan un premio o gano el Planeta». Yo recuerdo que soñaba con ganar el premio Planeta y, el día que ocurrió, era algo que ya había soñado, que había querido y hacia lo que me había proyectado. Y, por supuesto, había escrito una novela y otra, y otra, y otra. Hasta llegar ahí no fue llegar y besar el santo. Creo que todavía hay margen para soñar, sobre todo en el mundo de la creatividad. Si un bailarín, un escultor o un pintor no sueñan con exponer en un gran lugar o con tener un teatro lleno de público rendido a sus pies, no tendrían el impulso necesario para realizar tanto esfuerzo. Todas estas labores creativas y artísticas requieren muchísimo esfuerzo, entrega y soledad. Requieren quedarse uno solo, repitiendo una y otra vez, mejorando hasta hacerlo cada vez mejor y alcanzar ese lugar.
-¿Es complicado entonces convivir con el éxito?
-No es complicado convivir con el éxito, siempre y cuando haya llegado como consecuencia del camino recorrido. Cuando es el premio a un duro trabajo, nadie se lo toma a broma. Si preguntas a cualquier persona que haya tenido un gran éxito en el deporte, la danza, la escultura o la escritura, verás que tienen pocas posibilidades de acabar con la cabeza llena de pájaros, porque ese éxito no ha caído del cielo. Tiene muchísimo esfuerzo detrás y creo que la inmensa mayoría lo vive como un privilegio, porque sabe lo que ha costado alcanzarlo. Por eso, convivir con el éxito no suele ser lo peligroso, sino algunas de las cosas que a veces conlleva.
-En plena era de la IA, ¿hay algo que le preocupe especialmente en relación a la escritura y a la libertad creativa en la literatura?
-Creo que siempre hemos vivido amenazados. Todas estas amenazas van cambiando de nombre y de forma según la época que nos toca vivir. Ocurrió en la antigua Roma, en Mesopotamia y también en tiempos de Cervantes, cuando ya existía el plagio. Ahora nos enfrentamos a esto. Es verdad que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva situación. Lo conozco de cerca porque, además de ser escritora, mis hijos son diseñadores en distintas ramas y tengo relación con personas que se dedican al cine y a muchas otras disciplinas artísticas. Pero soy muy optimista al respecto. Siempre hemos sabido valorar lo artístico en cada época. La inteligencia artificial puede imitar, y es verdad que lo hace más rápido que nadie. Pero también tendremos que aprender a distinguirla y a establecer límites. Una semana después de que haya salido mi novela, la inteligencia artificial podrá imitarla. Pero no podrá imitar la siguiente, porque no puede crear. Solo puede imitar.
-Cuando comenzó Los valles tranquilos ya tenía concebido todo este cuarteto. Ahora, sin embargo, dice no estar tan segura del número total de tomos. ¿Qué le está haciendo dudar sobre esto?
-Es que la historia sigue creciendo en mi cabeza y el proyecto se amplía, se está haciendo más grande. Hay una cuarta entrega para la que ya tengo concebido lo que quiero que ocurra. Pero, por muy bien que lo planees, escribir no es algo que esté completamente atado. Me gusta tenerlo todo muy claro y documentado, pero el momento de ponerse a escribir es pura artesanía. En ese proceso te encuentras con dificultades y con cosas que no habías pensado. Yo siempre estoy abierta a ampliar mis novelas hacia lugares que todavía no he explorado.
-Será la encargada de inaugurar la Feria del Libro de Córdoba. ¿Qué significa para usted abrir una cita como esta?
-Es un honor, un enorme honor y una gran felicidad. Además, quiero que sepáis que va a ser la primera presentación, la primera charla que voy a tener con el público sobre esta novela. El libro acaba de nacer y llevo muchos días haciendo entrevistas con la prensa, pero todavía no lo he presentado ante los lectores. Además, la cita coincide prácticamente con el día de San Rafael, y a mí me encantan los arcángeles. Creo que la novela nace con los mejores signos y los mejores augurios que puede tener un libro para que todo salga bien. Estoy muy, muy feliz de poder estar en Córdoba en este momento.
-¿Qué le gustaría que se llevara su público de este encuentro?
-Un poco de esperanza. Porque seguimos creando. Cuando nos roban la esperanza, perdemos las ganas de hacer cosas en todos los sentidos. Porque crear es el grito revolucionario más fuerte que tenemos los seres humanos. Es lo que nos hace divinos. Tenemos que plantar flores, arreglar jardines y escribir novelas.
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