La vida de Luz Otero, de 70 años, dio un vuelco de 180 grados el pasado 2 de julio, cuando sufrió un ictus hemorrógico que le llevó a pasar dos meses hospitalizada en A Coruña y que le ha dejado importantes secuelas físicas y cognitivas. Entre ellas, "debilidad y temblor en la mano derecha" que obstaculizan la realización de actividades tan cotidianas como "coger una taza" o "cortar la comida", dificultades para comunicarse y problemas de memoria y atención.
La vida de Luz Otero, de 70 años, dio un vuelco de 180 grados el pasado 2 de julio, cuando sufrió un ictus hemorrógico que le llevó a pasar dos meses hospitalizada en A Coruña y que le ha dejado importantes secuelas físicas y cognitivas. Entre ellas, "debilidad y temblor en la mano derecha" que obstaculizan la realización de actividades tan cotidianas como "coger una taza" o "cortar la comida", dificultades para comunicarse y problemas de memoria y atención.
"Viendo con perspectiva estos tres últimos meses, lo cierto es que la evolución de mi madre y su mejoría han sido increíbles. Si en verano nos llegan a decir que hoy estaría como está, no nos lo hubiésemos creído", resalta su hija, Antía Otero, para reivindicar la enorme "fuerza de voluntad" de Luz, pero también "la gran labor" que llevan a cabo entidades como Dano Cerebral A Coruña (Adaceco), de la que su madre es usuaria. Ambas comparten su historia, en el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido (DCA), que se conmemora este lunes, 26 de octubre, con la intención de visibilizar una discapacidad que afecta a más de 35.000 gallegos.
"Viendo con perspectiva estos tres últimos meses, lo cierto es que la evolución de mi madre y su mejoría han sido increíbles. Si en verano nos llegan a decir que hoy estaría como está, no nos lo hubiésemos creído", resalta Antía Otero, hija de Luz
"Mi madre sufrió un ictus hemorrágico el pasado 2 de julio y estuvo dos meses ingresada, primero en el Hospital Universitario y, después, en el de Oza (Chuac). En un primer momento, los médicos optaron por un manejo más conservador con medicación, puesto que ella no parecía estar mal (nos reconocía y hablaba, pero se quejaba de la presión que sentía en la cabeza) y era mucho más peligroso intervenir que no hacerlo. El 6 de julio le pusieron un drenaje porque estaba empezando a hacer hidrocefalia, pero no funcionó como esperaban y, al final, tuvieron que operarla al día siguiente para drenar el hematoma en quirófano. A partir de ahí, ya fue todo más agresivo", explica Antía, al rememorar esos primeros días de "incertidumbre" que tanto ella como su hermano y las amigas de Luz vivieron con muchísima angustia.
Los peores días"Esos días fueron los peores porque ella estaba muy afectada, muy inquieta... Fue todo muy distinto a como había sido antes y, por supuesto, a como es ahora. Quién nos lo iba a decir hace dos meses que hoy estaríamos así...", hace hincapié, antes de apuntar que, "tras un primer mes ingresada" en el edificio principal del Chuac, su madre "fue derivada al Hospital de Oza", donde se localiza el Servicio de Rehabilitación del área sanitaria coruñesa y donde, destaca, "continuó evolucionando muchísimo".

Luz Otero, con su hija Antía, en la terraza del centro de día de Dano Cerebral A Coruña (Adaceco), en As Xubias. / Casteleiro
Los primeros recuerdos de Luz tras el ictus hemorrágico que sufrió se remontan, precisamente, "al final" de su etapa en el Hospital de Oza. "Recuerdo a mis amigas, que estaban allí, y a mis hijos", comenta, a lo que su hija añade: "Decir que su grupo de amigas es fantástico se queda corto. Entre ellas, mi hermano y yo estuvimos haciendo turnos, durante los dos meses que pasó ingresada, para que no se quedase sola en ningún momento. Su implicación es increíble".
"Decir que el grupo de amigas de mi madre es fantástico se queda corto. Entre ellas, mi hermano y yo estuvimos haciendo turnos, durante los dos meses que pasó ingresada, para que no se quedase sola en ningún momento. Su implicación es increíble", agradece Antía
Mientras Antía habla, la protagonista del relato la mira y asiente, emocionada. "Nos conocemos del trabajo. Yo era enfermera en el Materno", apunta Luz, antes de hacer hincapié en que la primera imagen que le viene a la memoria de su estancia en el hospital es la de gente que la "acompañaba" y que la iba a visitar.
Terapias de rehabilitación"En la actualidad, mi madre continúa yendo a rehabilitación a Oza, aunque ya de forma ambulatoria", indica Antía. "Va dos días a la semana (martes y jueves) y, dentro de lo que cabe, lo que hace allí (terapia ocupacional, rehabilitación y logopedia) es bastante completo", detalla la hija de Luz, antes de exponer cómo recalaron en Adaceco, de cuya existencia supieron "a través de la trabajadora social" de ese hospital.
"A Adaceco llegué por mi hija. Yo no conocía la asociación, pero fue por su empeño que estamos aquí. Mi hijo hizo un 'estudio' con los ingresos que yo tengo para ver las opciones, y fue como llegamos aquí. El sistema [público] cubre media hora de terapias, que es lo que hacemos en Oza, dos días a la semana", explica Luz.
"Al principio, a mi madre le hablábamos de centro de día de Adaceco, se imaginaba otra cosa y era bastante reacia... Pero ahora viene encantada", destaca la hija de Luz
"En una situación así, te pones a investigar qué hay...", reconoce Antía. "Entonces, mi hermano y yo vimos que había sitios que ofrecían rehabilitación, pero eran todo sesiones individuales. Y a mí el que Adaceco cuente con centro de día y con sesiones grupales, además de sus terapias individuales, me parecía muy interesante. Por eso lo elegimos. Al principio, a mi madre le hablábamos de centro de día, se imaginaba otra cosa y era bastante reacia... Pero ahora viene encantada", destaca.
"Los días que no voy a Oza (lunes, miércoles y viernes), por la mañana vengo a aquí. Hago terapia ocupacional una hora, más tiempo que en el hospital...", subraya Luz, y su hija agrega: "Individuales también hace fisioterapia, logopedia... Y luego tenemos neurorrehabilitación, una parte específica que así como tal, el Servizo Galego de Saúde (Sergas) no le cubre".
"Al principio no quería venir, pero ahora estoy muy contenta con el trabajo que hacemos aquí. Me ha creado una confianza que antes no tenía", resalta Luz, quien especifica que "la mano derecha" no le "funciona bien". "Comer se me hace muy difícil. Mucho. Es en lo que más lo noto, al cortar...", señala.
Ayuda "para hacer cosas""Ella era diestra", aclara Antía, quien explica que su madre "necesita ayuda a veces, sobre todo, a la hora de hacer cosas". "Ahora le ves la mano y la tiene relativamente tranquila. Sin embargo, si necesita hacer algo, le empieza un temblor y no es capaz de controlarla. Es en el momento de la intención, del querer hacer algo... Hoy mismo, durante el desayuno, al querer coger la taza... De entrada iba muy bien, pero se confía, quiere hacerlo ella, le empieza ese temblor y se le cae... Pero bueno... Poco a poco...", refiere.

Luz Otero realiza un ejercicio en la sala de fisioterapia del centro de día de Dano Cerebral A Coruña (Adaceco), en As Xubias. / Casteleiro
Pese a su nueva situación, Luz continúa viviendo en su hogar "con su perrita, sus cosas y sus amigas cerca". Es lo que ella quiere, y también lo que sus dos hijos han estimado más conveniente. "Hemos cogido a una persona que está interna, durante la semana, para que le ayude en casa, y los sábados y domingos nos vamos alternando mi hermano y yo", apunta Antía, antes de describir otras secuelas que afronta su madre como consecuencia del ictus.
Fuerza de voluntad"Le ha afectado, sobre todo, al brazo derecho. De inicio, también a la fuerza de esa misma pierna y al tema equilibro, aunque ha recuperado muchísimo. Lo que le sucede ahora es que a veces le dan mareos con los movimientos bruscos (por el lugar donde tuvo la lesión, el cerebelo), y tiene afectación, también, a nivel cognitivo. Siempre comprende muy bien lo que se le dice, pero le cuesta comunicarse. Tiene sus palabras en la cabeza, pero le cuesta que le salgan...", detalla la hija de Luz, quien además sufre problemas "de memoria, de atención...".
"Por eso tampoco podemos saturarla mucho con las terapias, porque su nivel de atención llega hasta un punto y, a partir de ahí, se agota. Aun así, su actitud es siempre súper positiva, con ganas de trabajar... Estando agotada, ella sigue y sigue... Y eso es mucho ganado. Sin esa fuerza de voluntad que tiene, hoy no estaría como está", remarca Antía, antes de aprovechar la conmemoración, este lunes, 26 de octubre, del Día Nacional del DCA, para reivindicar la labor que llevan a cabo entidades como Adaceco, que "realizan un trabajo muy importante" y que "igual están asumiendo una carga muy grande" por unos servicios "que no presta el sistema sanitario público".
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"La actitud de mi madre es siempre súper positiva, con ganas de trabajar... Estando agotada, ella sigue y sigue... Y eso es mucho ganado. Sin esa fuerza de voluntad que tiene, hoy no estaría como está", remarca AntíaDiscapacidad y dependencia
"Días como este 26 de octubre están muy bien para dar a conocer más a la población todas las posibilidades que existen para las personas con DCA, ya que hay familias que quizás no tienen los recursos para asumir el coste de todas estas terapias, pese a que en las asociaciones como Adaceco los precios son mucho más asequibles. También para llamar la atención sobre el tema de las valoraciones de la discapacidad y la dependencia, porque todo va muy retrasado... Nosotros todavía estamos empezando con las solicitudes, pero ya doy por hecho que nos queda, como mínimo, un año de espera. Tenemos la posibilidad de asumirlo, pero habrá mucha gente que no...", advierte Antía, quien agradece que las trabajadoras sociales de Adaceco y del centro de salud de su madre les estén "ayudando mucho con esto".
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