Cerrar determinadas habitaciones, limitar la ventilación o no renovar el agua con suficiente frecuencia puede dificultar que el animal encuentre por sí mismo las condiciones más confortables durante los días de calor
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El propietario baja las persianas, cierra las ventanas y mantiene algunas habitaciones cerradas para intentar conservar el fresco durante las horas de más calor. El gato, sin embargo, puede tener otras necesidades. A menudo buscará el suelo más frío de la casa, una estancia donde no dé el sol o cualquier rincón en el que pueda descansar con mayor comodidad. Si esa puerta permanece cerrada, pierde también la posibilidad de elegir dónde pasar las horas más calurosas.
“Cerrar completamente la casa sin ventilación” o “retirar acceso a ciertas habitaciones frescas” son, según el veterinario Víctor Rodríguez, algunas de las decisiones que pueden empeorar las condiciones del animal sin que el propietario lo advierta. “La intención es protegerlo del calor, pero esa estrategia puede acabar dificultando que el propio gato encuentre el lugar donde mejor regula su temperatura”, explica Rodríguez para La Vanguardia.
Una casa cerrada no siempre es una casa más fresca“A veces, con buena intención, limitamos su acceso a los lugares donde ellos mejor regulan su temperatura”Durante el verano, el comportamiento del gato cambia. Es habitual que reduzca su actividad durante el día, duerma más y busque superficies como el suelo o la bañera. “No se trata necesariamente de una señal de alarma, forma parte de la manera en que el animal gestiona las altas temperaturas”, señala Rodríguez.

Por eso, el entorno doméstico adquiere especial importancia. “Una vivienda que acumula calor y permanece sin una ventilación adecuada puede convertirse en un problema, sobre todo cuando el animal tampoco dispone de alternativas dentro de ella. La cuestión no pasa por mantener abiertas todas las ventanas ni por exponer al gato a corrientes de aire, sino por evitar que quede confinado en un espacio caluroso”, subraya.
Rodríguez apunta precisamente a esa capacidad del gato para desplazarse y buscar el lugar que le resulte más confortable. “A veces, con buena intención, limitamos su acceso a los lugares donde ellos mejor regulan su temperatura”, añade. Por eso, una de sus principales recomendaciones durante los meses de calor es “permitir que el gato elija dónde estar dentro de casa”, en lugar de restringir su acceso a determinadas estancias. De ahí que cerrar una zona fresca pueda acabar jugando en contra del animal, justo cuando más necesita encontrar un lugar donde descansar.

El agua es otro de los puntos que conviene cuidar durante los meses de calor. Rodríguez recomienda mantener varios puntos de agua fresca y limpia en la vivienda y situarlos alejados de la comida, una medida especialmente útil en gatos que no muestran una gran tendencia a beber. La renovación frecuente también forma parte de ese cuidado: disponer de agua no basta si lleva demasiado tiempo en el mismo recipiente.
Las preferencias del animal pueden ayudar a mejorar su ingesta. “Muchos gatos prefieren agua en movimiento, por lo que las fuentes suelen funcionar muy bien”, explica Rodríguez. Ofrecer distintas opciones permite adaptar el entorno a los hábitos de cada gato y facilitar que tenga acceso al agua durante las horas de más calor.
En definitiva, que un gato duerma más o pase más tiempo tumbado durante el verano puede entrar dentro de la normalidad. Lo que merece atención son los cambios marcados respecto a su comportamiento habitual, especialmente si aparecen signos como respiración con la boca abierta, decaimiento extremo, debilidad o falta de respuesta.
En los gatos, además, cualquier alteración respiratoria tiene especial relevancia. Un golpe de calor no es frecuente, pero puede producirse, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados, y requiere actuar con rapidez: trasladar al animal a un lugar fresco, iniciar un enfriamiento progresivo y acudir al veterinario.