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El fenómeno que revoluciona las vacaciones en España: “En un hotel no basta con admitir mascotas; hay que pensar en ellas”

Дата публикации: 25-08-2026 05:00:00


El auge del turismo ‘pet-friendly’ deja de ser una opción residual para convertirse en un factor estratégico que obliga a hoteles y campings a rediseñar sus estancias en clave familiar


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Hay cambios sociales que irrumpen con estruendo y ocupan titulares durante semanas hasta convertirse en tema de conversación colectiva, y existen otros mucho más discretos que avanzan casi en silencio hasta transformar profundamente nuestra manera de vivir. El auge del turismo ‘pet-friendly’ pertenece claramente a esta segunda categoría. Nadie recuerda el momento exacto en que millones de familias españolas dejaron de preguntarse quién podría cuidar del perro durante las vacaciones para empezar a organizar el viaje contando con él desde el primer minuto, pero ese pequeño desplazamiento en la manera de formular una pregunta cotidiana contiene una de las transformaciones culturales más interesantes que ha experimentado el turismo español durante la última década.

Ese cambio habla menos de hoteles o campings que de la evolución en las relaciones entre personas y mascotas. Durante generaciones, el perro ocupó un lugar diferenciado del resto de la familia. Hoy, para millones de ciudadanos, esa frontera ha desaparecido: el animal es parte de la rutina, celebraciones y tiempo de ocio. Cuando llega el verano, la decisión consiste en buscar un destino donde todos puedan disfrutar juntos.

Esa modificación aparentemente menor ha obligado al sector turístico a replantearse muchas de las certezas que habían acompañado al negocio durante décadas. El concepto ‘pet-friendly’, que hace apenas unos años aparecía como un valor añadido reservado a determinados establecimientos, comienza a convertirse en un elemento estratégico dentro de un mercado donde el consumidor exige cada vez más experiencias adaptadas a su manera de vivir. La presencia de una mascota ya no constituye una excepción que deba gestionarse caso por caso, sino una realidad estructural que condiciona la elección del alojamiento, del destino e incluso de las actividades previstas.

Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), considera que esta evolución responde a un cambio profundo en los hábitos sociales y no a una moda. A su juicio, las familias entienden a sus animales de compañía como un miembro más del núcleo familiar, circunstancia que está impulsando una adaptación progresiva del conjunto del sector turístico, desde los grandes hoteles urbanos hasta los pequeños establecimientos rurales, pasando por apartamentos vacacionales, complejos de costa y, muy especialmente, campings, donde esta convivencia encuentra probablemente su expresión más natural.

Jorge Marichal, presidente de la CEHAT.

Jorge Marichal, presidente de la CEHAT.Cedida

Lo que verdaderamente está ocurriendo es que el turismo se ha convertido en un reflejo de una sociedad que ha redefinido su relación con los animales. Igual que comenzaron a multiplicarse los comercios que les abrían las puertas, ahora los alojamientos descubren que una parte creciente de sus clientes no concibe las vacaciones sin su perro. La decisión de reservar ya no depende solo de precio, ubicación o categoría; existe una pregunta previa cuya respuesta determina por completo el destino elegido.

Quizá ningún lugar permita observar esa transformación con tanta claridad como un camping. Basta recorrer cualquiera de ellos durante una mañana de verano para comprender que la convivencia entre naturaleza, familias y animales responde a una lógica diferente de la que encontramos en otros modelos. 

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Los perros recorren caminos arbolados mientras los niños descubren nuevos amigos en la piscina, los propietarios intercambian conversaciones durante los paseos y el paisaje transmite una sensación de libertad difícil de reproducir entre ascensores, pasillos y habitaciones de un edificio convencional. No es casualidad que el camping se haya convertido en uno de los grandes protagonistas de esta nueva manera de viajar.

Alfonso Leprevost, CEO y cofundador de HolaCamp, lleva años observando esa evolución desde una posición privilegiada. La compañía, especializada en la gestión y modernización de campings en España y Portugal, ha comprobado cómo el viajero que llega acompañado de su perro ha dejado de representar un perfil específico para convertirse en un cliente absolutamente transversal. Familias con niños, parejas jóvenes, viajeros internacionales o personas que teletrabajan durante parte del verano comparten una característica común: consideran completamente natural que el animal forme parte del viaje. Leprevost resume esa realidad con una frase tan elocuente como precisa cuando afirma que, para muchas personas, las dos razones más importantes para elegir un camping siguen siendo la posibilidad de disfrutar de una barbacoa y la de compartir las vacaciones con su perro.

Alfonso Leprevost, CEO HolaCamp. 

Alfonso Leprevost, CEO HolaCamp. Cedida

Lejos de interpretar este fenómeno como una moda coyuntural, HolaCamp ha decidido incorporarlo a la propia filosofía de la empresa. La diferencia, explica Leprevost, no consiste únicamente en aceptar mascotas, sino en pensar en ellas antes incluso de que lleguen al establecimiento. Admitir un perro supone eliminar una prohibición; diseñar una experiencia pensada también para él significa reconocer que forma parte del cliente al que se dirige el negocio. Es precisamente esa diferencia la que explica por qué algunos establecimientos consiguen fidelizar a quienes viajan con animales, mientras otros continúan percibiéndolos como una fuente permanente de complicaciones.

En HolaCamp, aproximadamente uno de cada cinco clientes llega acompañado de un perro, una proporción estable que constituye un indicador muy fiable del mercado. Detrás de ese veinte por ciento existe una extraordinaria diversidad de familias, parejas, jubilados o profesionales en teletrabajo que comparten una misma convicción: las vacaciones solo tienen sentido si pueden disfrutarlas todos juntos.

Esta normalización ha obligado al sector a revisar una idea que durante mucho tiempo parecía inamovible. Tradicionalmente, admitir animales de compañía implicaba aceptar un sobreesfuerzo operativo relacionado con la limpieza, el mantenimiento o la posible convivencia con otros clientes. Hoy, sin embargo, muchas empresas comienzan a comprender que el verdadero coste ya no consiste en aceptar mascotas, sino precisamente en no hacerlo. Cuando un número creciente de viajeros incorpora este requisito entre sus criterios básicos de elección, dejar de atender esa demanda significa renunciar de manera voluntaria a una parte muy relevante del mercado.

No obstante, Alfonso Leprevost rechaza interpretar esta realidad exclusivamente desde una perspectiva comercial. A su juicio, la cuestión resulta mucho más interesante porque obliga a replantear la propia experiencia turística. “No basta con admitir mascotas; hay que pensar en ellas”, resume durante la conversación, una idea que atraviesa toda la filosofía de HolaCamp y que explica por qué la empresa ha decidido introducir gestos que modifican la percepción del cliente.

El éxito del turismo ‘pet-friendly’ dependerá menos de grandes inversiones que de la capacidad para comprender cómo se comportan las personas cuando viajan con un animal

Alfonso Leprevost

CEO y cofundador de HolaCamp

Cuando una familia llega al bungalow, encuentra preparada una pequeña cama para el perro, un recipiente para el agua y algún elemento de juego. Ninguno de esos objetos cambia por sí solo el desarrollo de las vacaciones, pero todos transmiten un mensaje muy claro: el establecimiento no ha aceptado al animal como una excepción, sino que había previsto su llegada exactamente igual que había preparado la habitación para el resto de la familia. Esa diferencia, aparentemente anecdótica, posee una enorme capacidad para generar confianza y fidelidad, porque convierte al propietario en alguien que deja de sentirse obligado a justificar continuamente la presencia de su mascota.

Leprevost insiste en que el éxito del turismo ‘pet-friendly’ dependerá mucho menos de grandes inversiones que de la capacidad para comprender cómo se comportan realmente las personas cuando viajan con un animal. En demasiadas ocasiones, explica, se diseñan servicios pensando en lo que los humanos creemos que necesita un perro, cuando probablemente bastaría con ofrecer aquello que el propio entorno natural ya proporciona. 

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El animal no necesita necesariamente parques temáticos, circuitos de obstáculos o sofisticadas instalaciones de ocio; necesita espacio, tranquilidad, estímulos y la posibilidad de caminar junto a su familia. En ese sentido, el camping dispone de una ventaja competitiva difícilmente reproducible por otros formatos de alojamiento, porque la naturaleza forma parte inseparable de la experiencia y no constituye simplemente un elemento decorativo incorporado al paisaje.

Resulta significativo comprobar cómo esa convivencia modifica incluso las relaciones entre los propios huéspedes. Mientras los niños encuentran compañeros de juego casi de manera automática, los perros generan otro tipo de encuentros igualmente espontáneos entre adultos que, probablemente, nunca habrían iniciado una conversación en otro contexto. 

Cuando un perro se mantiene siempre cerca de su dueño al salir a pasear, demuestra el fuerte vínculo que el animal siente hacia la persona. 

Cuando un perro se mantiene siempre cerca de su dueño al salir a pasear, demuestra el fuerte vínculo que el animal siente hacia la persona. Creative Commons

Los paseos de primera hora de la mañana, los recorridos al atardecer o las paradas para que los animales jueguen entre ellos terminan creando una red informal de relaciones que convierte el camping en un espacio de socialización particularmente intenso. “El perro es un extraordinario facilitador de conversaciones”, reconoce Leprevost, convencido de que esa capacidad para conectar personas representa uno de los valores menos estudiados del turismo contemporáneo.

La observación resulta especialmente interesante en una sociedad donde numerosos estudios alertan sobre el crecimiento de la soledad no deseada y la progresiva desaparición de determinados espacios de convivencia informal. Quizá por eso el camping continúa conservando una dimensión comunitaria que otros modelos turísticos han ido perdiendo con el paso del tiempo. Allí las vacaciones no consisten únicamente en descansar o consumir actividades de ocio, sino también en compartir experiencias, descubrir afinidades y construir relaciones.

Existe, además, otro aspecto poco conocido del trabajo que desarrolla HolaCamp y que ilustra con bastante precisión su manera de entender la relación entre turismo y naturaleza. Muchos de sus establecimientos conviven con colonias estables de gatos que forman parte del propio ecosistema del camping. Frente a soluciones basadas en la eliminación de estos animales, la empresa ha optado por desarrollar programas de identificación, esterilización, seguimiento veterinario y alimentación controlada que permiten estabilizar las colonias y garantizar una convivencia razonable entre fauna y clientes.

Esa filosofía conecta con un concepto que Leprevost repite varias veces durante la entrevista: la reversibilidad. Cada intervención sobre el territorio intenta realizarse de forma que el impacto permanente resulte mínimo y que, si algún día las instalaciones desaparecieran, el paisaje pudiera recuperar con relativa facilidad su estado original. Se trata de aprender a convivir con un entorno natural que el turismo utiliza temporalmente y al que debe devolver el mismo respeto.

Durante mucho tiempo, la hotelería española contempló la presencia de animales desde una lógica operativa; sin embargo, el cambio de comportamiento de los viajeros ha cambiado ese planteamiento

Si el camping se ha convertido en el laboratorio donde mejor puede observarse esta nueva manera de viajar, el sector hotelero representa el mejor indicador para medir hasta qué punto el turismo ‘pet-friendly’ se ha consolidado como una realidad estructural. Durante mucho tiempo, la hotelería española contempló la presencia de animales desde una lógica operativa, valorando sobre todo las dificultades de limpieza o mantenimiento. Sin embargo, el cambio de comportamiento de los viajeros ha obligado a revisar ese planteamiento para responder a un cliente cuya forma de entender las vacaciones ha cambiado profundamente.

Jorge Marichal observa esa evolución desde la presidencia de la CEHAT, organización que constituye el mejor observatorio para analizar las grandes tendencias que afectan al turismo español. Su diagnóstico evita cualquier visión simplista: en ningún momento plantea que todos los hoteles deban convertirse en ‘pet-friendly’, ni interpreta el fenómeno como una obligación. Muy al contrario, insiste en que la principal fortaleza del turismo español reside en la extraordinaria diversidad de su oferta y en la capacidad de cada empresa para definir su modelo.

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Desde esa perspectiva, la verdadera cuestión consiste en reconocer que existe un número creciente de viajeros para quienes esa circunstancia resulta determinante en el momento de elegir alojamiento. La respuesta empresarial puede ser diferente en función del tipo de establecimiento, de sus instalaciones o del perfil de sus clientes, pero ignorar la existencia de esa demanda supondría desconocer una realidad.

El propio Marichal recuerda que numerosos hoteles españoles han comenzado a incorporar servicios específicos: habitaciones adaptadas, camas, bebederos, kits de bienvenida, acuerdos con clínicas veterinarias y servicios de paseo. Ninguna de estas iniciativas resulta indispensable por sí sola, pero todas responden a una misma filosofía: comprender que el cliente busca un entorno donde sentirse cómodo.

Un perro descansa en una habitación pet-friendly del hotel Rosewood London. 

Un perro descansa en una habitación pet-friendly del hotel Rosewood London. 

Ese cambio de enfoque posee una clara dimensión económica. Las familias que viajan con animales planifican estancias completas, consumen en restauración, participan en actividades de ocio y muestran un elevado grado de fidelización. Para el sector hotelero, representa una oportunidad para construir relaciones de confianza estables con un perfil de cliente que valora enormemente la calidad de la experiencia.

Sin embargo, la convivencia continúa siendo el verdadero desafío. Resultaría ingenuo pensar que todos los viajeros desean compartir espacios comunes con animales. Existen personas con alergias, clientes que buscan descanso absoluto o familias con niños que prefieren vacaciones libres de mascotas. Todas esas sensibilidades merecen ser atendidas con el mismo respeto.

Precisamente por esa razón, Jorge Marichal sitúa la transparencia en el centro del debate. A su juicio, la convivencia comienza en el momento mismo de realizar la reserva. Conocer de antemano si el establecimiento admite mascotas, qué condiciones establece, las limitaciones de tamaño o la aplicación de suplementos evita malentendidos y genera confianza. La claridad informativa se convierte así en un elemento esencial del servicio.

También la legislación española responde a esa lógica de equilibrio. Salvo en el caso de los perros de asistencia, protegidos por normativa, los alojamientos mantienen libertad para definir su política de admisión. Esta flexibilidad ha permitido que convivan modelos empresariales muy distintos y que el mercado evolucione de manera progresiva.

Ningún reglamento puede sustituir el sentido común de un propietario que mantiene controlado a su perro, recoge sus excrementos y respeta las normas

En realidad, el éxito del turismo ‘pet-friendly’ dependerá de la responsabilidad compartida. Ningún reglamento puede sustituir el sentido común de un propietario que mantiene controlado a su perro, recoge sus excrementos y respeta las normas. Del mismo modo, ningún establecimiento conseguirá fidelizar a este tipo de viajero si limita su estrategia a colocar una pegatina con una huella en la puerta sin modificar nada.

Tanto Marichal como Leprevost coinciden en la idea de fondo: el turismo ‘pet-friendly’ no consiste simplemente en permitir el acceso de animales, sino en construir espacios donde la convivencia resulte natural para todos. Ha sido la sociedad la que ha cambiado y el turismo el que se ha adaptado. Los animales ocupan un espacio emocional que trasciende el concepto tradicional de mascota, aportando compañía y rutinas que influyen en la calidad de vida de millones de personas.

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Alfonso Leprevost está convencido de que el verdadero reto para los alojamientos consistirá en diseñar experiencias donde el bienestar del animal forme parte de la planificación general sin alterar la convivencia. Por su parte, Jorge Marichal prevé un crecimiento continuado impulsado por el cambio generacional: los viajeros más jóvenes consideran natural compartir sus vacaciones con sus mascotas y esa mentalidad se trasladará paulatinamente a todo el mercado.

En el fondo, el valor del turismo ‘pet-friendly’ reside en lo que revela sobre nosotros mismos. Que millones de personas comiencen a planificar sus vacaciones seleccionando el filtro “Admite mascotas” dice mucho menos del animal que de la forma en que nuestra sociedad entiende hoy los vínculos, la convivencia y el propio concepto de familia.

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