Cuando en el año 2017 diversas mujeres señalaron al reputadísimo productor Harvey Weinstein como agresor sexual, los medios de todo el mundo se hicieron eco. No se trataba solo de relatar las acusaciones, sino que aquello dio pie a análisis globales sobre una violencia que se demostraba estructural. Casi una década después, la última condena contra el estadounidense apenas tiene presencia en los principales medios de comunicación. El marco vuelve a ser el de la información puntual en una sección menor. La violencia sexual ejercida por hombres poderosos ya no está en la conversación pública y ha dejado de interpelar a la mayoría.Un estudio publicado en 2018 por la organización Women’s Media Center analizó 15.228 artículos de 14 grandes periódicos estadounidenses a lo largo de 15 meses, antes y después de las acusaciones contra Harvey Weinstein y la eclosión del #MeToo. Este movimiento, determinaron los autores del informe, fue en gran medida el responsable del aumento en la cobertura mediática de la violencia sexual. "La existencia de la etiqueta ha llevado a la gente a hablar más sobre las agresiones y el acoso sexual, tanto en internet como en la vida cotidiana, lo que ha contribuido a impulsar la cobertura mediática –y viceversa–", concluyeron.En febrero de 2018, "más del 55% de las noticias sobre agresiones sexuales mencionaban al movimiento" y a lo largo de aquel año dicha proporción "se mantuvo por encima del 50%". La cobertura mediática sobre la violencia sexual, en aquel momento, fue aproximadamente un 30% superior en comparación con la etapa previa al #MeToo.En aquellos años, los artículos en torno a Harvey Weinstein fueron más allá de la sección de sucesos, desencadenando una cascada de análisis, reflexiones colectivas e investigaciones amplias no solo sobre el caso, sino sobre la cultura de la violación y la impunidad de los agresores sexuales en entornos de poder. Las calles, en consecuencia, se llenaron. Y las mujeres comenzaron a poner límites hasta entonces inimaginables.Han pasado casi diez años y la situación parece haber dado un giro. El pasado 23 de septiembre, el que fuera uno de los productores más importantes de Hollywood fue condenado a 15 años de prisión por agresión sexual, pero el dictamen judicial apenas ha acaparado las miradas.Tampoco lo ha hecho la condena contra el futbolista conocido como Santi Mina. El Tribunal Supremo acaba de confirmar cuatro años de prisión por un delito de violencia sexual cometido por el delantero en 2017. Lo cierto es que la atención mediática ante este caso está muy lejos de la suscitada al calor de casos similares, incluso cuando en el foco estaban futbolistas de menor categoría como los de la Arandina. A finales de 2017 fueron detenidos tres jugadores del club por un presunto caso de violencia sexual contra una menor, coincidiendo precisamente con el momento álgido del movimiento #MeToo, que en suelo español había tenido su eco en el #Cuéntalo impulsado por Cristina Fallarás. El caso tuvo un impacto mediático sin precedentes, especialmente teniendo en cuenta que no se trata de un club profesional ni sus jugadores son deportistas de élite. Los análisis sobre lo sucedido se mantuvieron constantes hasta la primera condena dos años después, siguiendo la misma dinámica: análisis jurídicos, columnas, reflexiones colectivas y un movimiento feminista activo en las plazas.La misma lógica se reproduce en otras muchas esferas. La repercusión mediática de casos como los de Gérard Depardieu o Kevin Spacey fue sostenida y transversal, coincidiendo con el inicio del movimiento #MeToo. En cambio, las acusaciones que salieron a la luz el año pasado contra el actor Jared Leto han tenido una acogida limitada y una repercusión profesional escasa. En el caso de Spacey, las acusaciones provocaron su salida prácticamente inmediata de la serie House of Cards y una ruptura laboral generalizada, mientras que con Leto no se ha producido ningún movimiento similar.La periodista feminista Cristina Fallarás no cree que el impacto informativo "actúe según un aletargamiento propio de la sociedad misma", sino que existen "núcleos históricos de interés en las sociedades, precisamente a base de generar opinión pública". A su juicio, el hecho de que los grandes medios "hayan relegado las informaciones sobre violencia de género y violencias sexuales, hayan cambiado de jerarquía o directamente no aborden el asunto, tiene una repercusión social". La escritora se desliza al ámbito de la vivienda para establecer un símil de plena actualidad: el caso de Maricarmen. A su juicio, es la acción de los medios, "que han decidido darle a ese desahucio la importancia que tiene", la que ha propiciado una movilización social generalizada, mientras que casos similares pasan cada día desapercibidos. "Con la violencia machista en todos sus términos es eso lo que está pasando: se trata de cómo los medios dejan de mirar", zanja.