-¿Con qué sentimientos afronta esta despedida en su ciudad?
-¿Con qué sentimientos afronta esta despedida en su ciudad?
-Córdoba ha formado parte de Medina Azahara tanto en lo sentimental como en lo profesional. Recuerdo perfectamente cuando en 1980 nos subimos por primera vez al escenario de la Axerquía: fue un día lluvioso, lo pasamos mal, pero finalmente pudimos tocar. Aflora una mezcla enorme de sentimientos encontrados porque Córdoba ha sido la clave absoluta de todo lo que ha sido el grupo, tanto a la hora de componer como de proyectarnos al resto del mundo.
-Presentarse ante su gente impresiona, pero hacerlo para decir «hasta aquí hemos llegado» añade un peso emocional distinto. ¿Qué sentirá al mirar al público cordobés sabiendo que estas notas serán las últimas?
-Lo que llevamos sintiendo estos últimos meses es la certeza de que el final está muy cerca, y Córdoba tenía que formar parte esencial de este cierre. Va a ser muy duro decir «hasta siempre». Aunque nos queden aún algunas fechas en la gira, Córdoba es única para nosotros: es la madre de todo el embrión de Medina Azahara.
-Tras más de cuatro décadas de discos, giras y carretera, ¿cómo y cuándo supieron que era el momento exacto para bajar el telón y no prolongar más el viaje?
-Eso es algo que nunca se planifica del todo. Siempre intentas esperar un poco más a ver hasta dónde se estira el camino. Pero nuestro deseo desde el principio fue despedirnos en un momento dulce, y creo que este es el idóneo. El grupo suena de maravilla; somos una auténtica familia: viajamos, comemos y casi dormimos juntos... Por eso cuesta poner el punto final, pero estamos convencidos de que es el instante justo. Tomar la decisión nos costó muchísimo trabajo; pensamos en una gira de despedida de un año y al final se ha extendido a dos. Afortunadamente, nos debemos a una legión de seguidores y había que decir adiós en cada rincón. Nos vamos con la cabeza muy alta, conscientes de haber hecho un trabajo importante, con múltiples discos de oro y platino y números uno en la historia del rock de este país.
-Han editado un trabajo especial para esta gira final. ¿Qué reúne este disco?
-Es un cuádruple recopilatorio que recoge la esencia de todo lo que estamos ofreciendo en esta gira y que vendemos directamente en cada concierto. No tenemos pensado volver a grabar nunca más bajo el sello de Medina Azahara. El tiempo dirá si hemos acertado o no.
-¿La pérdida de su hijo Manuel Ángel le hizo apresurar este final?
-(Silencio). Sí, claro que te hace reflexionar. Te da una bofetada de realidad y te das cuenta de que tu vida entera ha sido viajar, correr, ir de un lado a otro sin ver a tu familia... Entiendes de golpe todo lo que te has perdido por el camino. Manuel Ángel siempre tuvo la música en la mente, quería ser artista y constantemente me aconsejaba que no abandonara los escenarios. Por él continuamos y por él hemos llegado hasta aquí.
-Otro de sus hijos, Marcos, mantiene encendida la llama con el grupo de versiones Planeta 80...
-(Se emociona). Sí. Marcos canta fabulosamente bien cualquier estilo y me alegra profundamente ver cómo disfruta y cómo transmite sobre el escenario. Estoy tremendamente orgulloso de él.
-Afrontar un espectáculo de esta envergadura exige entera entereza. ¿Cómo se preparan para el instante final, cuando se apague el último acorde en la Axerquía?
-(Vuelve a emocionarse, con la voz entrecortada). Es tremendamente difícil asumir que estás poniendo el punto final. Hay que dejar que los sentimientos fluyan de manera natural sobre el escenario. Vamos a estar arropados por grandes amigos y hay que sacar fuerzas.
-¿Cuál consideras que es la gran aportación de Medina Azahara a la música española?
-Más allá de más de doscientas canciones registradas y una discografía copiosa, creo que hemos sido la banda sonora y la influencia directa de varias generaciones de jóvenes y de amantes de este sonido propio del sur. Contamos con miles de seguidores por todo el mundo que siempre nos llevarán en el corazón, exactamente igual que nosotros a ellos. Medina Azahara ha dejado una página imborrable en la historia de la música española.
-Si tuviera la oportunidad de revivir un instante de estos 45 años —un concierto, un tema, una grabación—, ¿con qué se queda?
-Hay momentos imborrables. Desde la primera vez que pisamos un estudio de grabación hasta las primeras conversaciones con los hermanos Pelayo. Éramos un grupo local que no había salido de la provincia, y de repente nos vimos negociando con las multinacionales discográficas más potentes de España y del mundo. Tomar aquellas primeras decisiones sobre qué camino discográfico elegir marcó para siempre nuestra trayectoria.
-Himnos como ‘Paseando por la Mezquita’, ‘Necesito respirar’ o ‘A toda esa gente’ hace mucho que dejaron de pertenecer al grupo para ser de todo el mundo. ¿Guarda un vínculo distinto con alguna de ellas de cara a estos shows finales?
-Todas las canciones guardan un pedazo íntimo de mi vida, sobre todo porque he sido el encargado de escribir la gran mayoría de las letras. He volcado ahí mis sentimientos con la esperanza de que la gente los hiciera suyos. Y hemos tenido la inmensa fortuna de dar con un público que nos entendió desde el primer día y que nos ha apoyado a muerte en los momentos más oscuros. Generaciones nos siguen.
-¿Qué mensaje le gustaría dejar a quienes les han acompañado fielmente durante tanto tiempo?
-Que aunque la marca Medina Azahara se despida de los escenarios, los músicos seguimos aquí. Cada uno tomará caminos distintos, pero siempre continuaremos unidos por la música.
-¿Cómo imagina el día después del último concierto? ¿Qué ocupará ese vacío?
-Mi familia, sin duda. Pero tampoco voy a estar demasiado tiempo de brazos cruzados (risas). Soy un hombre de música; no puedo estar ni dos minutos sin componer una letra o tararear una melodía.
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