En 2019, Geralt de Rivia ya demostró que podía conquistar la portátil de Nintendo pese a los sacrificios gráficos. Ahora da un salto enorme en resolución, detalles, iluminación y rendimiento
Geralt de Rivia escapa de tu salón con Sardinilla
En 2019, en los inicios de El Loot de Txeron, escribí que Geralt de Rivia y Nintendo Switch conformaban "el mejor matrimonio de este año". No era una afirmación gratuita. Poder disfrutar de una aventura de la envergadura de The Witcher 3: Wild Hunt en cualquier lugar, con sus cientos de misiones y sus personajes inolvidables era un auténtico lujo. CD Projekt Red había conseguido llevar uno de los grandes juegos de rol de la generación a una consola que, sobre el papel, parecía demasiado limitada para semejante desafío. Sin embargo, aquella proeza técnica tenía un precio: una presentación visual que obligaba a aceptar bastantes concesiones.
Siete años después, vuelvo a encontrarme con Geralt en Nintendo Switch 2 y la sensación es muy diferente. Si entonces recomendaba disfrutar del juego en portátil porque sus defectos gráficos resultaban menos evidentes en la pequeña pantalla que en el televisor, ahora la aventura luce con una solvencia que cambia por completo la experiencia. El mundo conserva toda su magia, pero gana en nitidez, iluminación, detalle y fluidez. Y lo hace sin renunciar a la característica que convirtió aquella adaptación en una de mis favoritas: la posibilidad de llevarse una aventura gigantesca a cualquier parte.
La versión original para Switch ya tenía un mérito indiscutible. Conseguir que un mundo tan extenso, poblado de ciudades, bosques, aldeas y criaturas, funcionara en el hardware de Nintendo fue un ejercicio de adaptación extraordinario. Pero los sacrificios estaban ahí. La resolución se quedaba en 720p en el modo televisor y descendía hasta los 540p en portátil, las texturas perdían definición, la distancia de dibujado era menor y los tiempos de carga eran eternos y nos recordaban que estábamos ante una adaptación técnicamente muy exigente. Además, estaba capado a 30fps con bajones en el framerate recurrentes.
Con Switch 2, la inmensa mayoría de aquellas limitaciones quedan atrás. La mayor potencia de la consola se nota y permite mostrar escenarios mucho más definidos, con texturas de mayor calidad, mejores modelos y una iluminación que aporta profundidad a cada rincón del mapa. Las piedras de las construcciones, las armaduras, la vegetación y los rostros de los personajes ganan presencia, mientras que los efectos ambientales contribuyen a que los cambios de luz y las condiciones meteorológicas resulten más convincentes.
La diferencia se aprecia especialmente en los bosques, las zonas interiores y los paisajes abiertos, donde la iluminación y las sombras ayudan a construir una atmósfera más rica. También el agua, el terreno y los detalles de los personajes salen beneficiados de esta revisión técnica. Geralt sigue siendo el mismo brujo de mirada cansada y pelo blanco, pero ahora se mueve por un mundo que hace mayor justicia al trabajo artístico de CD Projekt Red. Todo se ve como si fuera Next Gen. No exagero.
Ahora en modo dock la resolución alcanza los 1080p y en modo portátil los 720p junto a un framerate que coquetea con los 40-45 fps (un 50% más que en Switch 1) y con un acabado gráfico que si se comparan parecen la noche y el día tal y como se puede apreciar en este vídeo de El Analista de Bits. Insisto, esto ya parece Next Gen.
Y esa es, precisamente, una de las grandes virtudes de esta edición: permite disfrutar de la excelsa belleza de un título legendario sin tener que recordar constantemente las limitaciones de la consola. La versión de 2019 me sorprendió por lo que conseguía hacer con tan poco; esta me convence por lo que consigue mostrar con un hardware más preparado para ello.
La mejora técnica no debería ocultar, en cualquier caso, que estamos ante una aventura con más de una década a su espalda. The Witcher 3 no necesita reinventarse para demostrar su vigencia. Su mayor fortaleza continúa siendo la manera en que combina exploración, combate, decisiones y narración en un mundo donde hasta las misiones secundarias pueden terminar convirtiéndose en pequeñas historias memorables. Geralt no se limita a aceptar encargos y acabar con monstruos: escucha a los habitantes de los Reinos del Norte, descubre conflictos que van mucho más allá de su trabajo y se enfrenta a decisiones cuyas consecuencias no siempre son evidentes.
La búsqueda de Ciri sigue siendo el corazón de la aventura, pero el viaje importa tanto como el destino. Desde las tierras devastadas por la guerra hasta los rincones más apartados de Velen, pasando por Novigrado y los paisajes de Skellige, el juego construye un universo que invita a desviarse del camino principal constantemente. En 2019 ya defendía que la portabilidad multiplicaba el atractivo de esta propuesta. En Switch 2 esa idea sigue vigente, con el añadido de que ahora no hace falta aceptar una presentación visual tan castigada para disfrutarla.
Cambios y mejoras en la jugabilidadTambién hay cambios que van más allá de los gráficos. Esta edición revisa aspectos de la jugabilidad que pueden parecer menores sobre el papel, pero que terminan teniendo un efecto considerable después de decenas de horas. El árbol de habilidades reorganiza la progresión para facilitar la comprensión de sus requisitos y la construcción de diferentes estilos de combate. Es una modificación especialmente bienvenida en un juego tan extenso, donde distribuir los puntos de experiencia y encontrar una configuración adecuada puede marcar la diferencia.
La transfiguración del equipo permite modificar el aspecto de las armaduras sin renunciar a sus estadísticas, una opción interesante para quienes quieran mantener una estética concreta durante la aventura. También se han refinado movimientos y animaciones de Geralt, incluidos algunos ajustes para el combate y la movilidad, con nuevas posibilidades para reaccionar ante los enemigos o apartarse rápidamente de una pelea.
Sardinilla, la inseparable compañera de viaje del brujo, también se beneficia de las mejoras de calidad de vida. Ahora es posible recoger determinados objetos sin desmontar, alternar entre el trote y el galope con mayor comodidad y disfrutar de un control más natural de la montura. La meditación, por su parte, muestra de manera más dinámica el paso del tiempo. Son pequeños detalles que reducen interrupciones y hacen más agradable recorrer un mapa que, por su extensión y riqueza, sigue siendo uno de los grandes protagonistas del juego.
En Nintendo Switch 2 hay, además, funciones que aprovechan las posibilidades específicas de la consola. El giroscopio permite afinar el apuntado con la ballesta y controlar la cámara, mientras que el modo ratón de los Joy-Con facilita determinadas tareas en los menús, el inventario y el mapa. La pantalla táctil y la vibración HD Rumble completan un conjunto de opciones pensado para adaptar la experiencia a distintas formas de jugar.
Son añadidos que no transforman por sí solos la aventura, pero sí refuerzan su condición de edición flexible. A ello se suman las herramientas fotográficas, con más posibilidades para ajustar las capturas, y las opciones de personalización contempladas en esta versión. Para quienes disfrutan recorriendo el mundo sin prisas, haciendo fotografías o probando diferentes configuraciones, hay motivos adicionales para volver a ponerse las botas de brujo.
Las dos expansiones gratisPor supuesto, el contenido sigue siendo uno de los argumentos más contundentes. La aventura principal llega ahora acompañada de forma totalmente gratuita con las expansiones Hearts of Stone y Blood and Wine, dos ampliaciones de contenido de enorme calidad que justifican por sí solas muchas horas adicionales de juego. Especialmente la segunda, que convierte su visita a Toussaint en una despedida difícil de olvidar. Si alguien se acercó a Geralt en 2019, pero dejó alguna de estas historias pendientes, tiene aquí una magnífica oportunidad para saldar la deuda.
La gran pregunta es si merece la pena regresar a un título que muchos jugadores han terminado en diferentes plataformas. La respuesta depende de cuánto se valore la portabilidad y de las ganas de volver a perderse en uno de los universos más completos del videojuego. Quien ya haya disfrutado de la aventura en PC o en consolas como PS5 o Xbox Series quizá no encuentre motivos suficientes para empezar de nuevo únicamente por las mejoras visuales. Pero quien busque una experiencia portátil de primer nivel, o quiera descubrir por primera vez el viaje de Geralt, tiene delante una versión mucho más convincente que nada tiene que envidiarle a la actual generación -reitero se ve y se siente Next Gen- que la que llegó a Switch en 2019.
Entonces terminé recomendando buena suerte y buen viaje al brujo, consciente de que la adaptación había logrado algo que parecía casi imposible. Hoy mantengo aquella recomendación, aunque por razones distintas. La primera Switch demostró que The Witcher 3 podía funcionar en formato portátil; Switch 2 permite ahora disfrutarlo con una calidad visual mucho más cercana a lo que merece una aventura de este calibre. No deja de ser el mismo juego, con sus virtudes intactas y alguna aspereza propia de su edad, pero ahora resulta más agradable recorrerlo, combatir y dejarse llevar por sus historias.
Si en 2019 Geralt y Switch protagonizaron un matrimonio inesperado, esta nueva edición confirma que la relación tenía todavía mucho recorrido. El Lobo Blanco vuelve a cabalgar, y pocas excusas quedan para no acompañarlo. ¡A por las bodas de plata!
Hemos podido realizar esta reseña gracias a una clave para Switch 2 que nos ha enviado CD Projetk.