"Ya lo decía mi abuelo: "de buenas cenas están las sepulturas llenas" Y ahora, la ciencia empieza a darle la razón". Con esta frase, el cardiólogo Aurelio Rojas resume en uno de sus vídeos una cuestión que la investigación científica lleva años explorando: no solo importa qué comemos, sino también cuándo lo hacemos.Seguir leyendo....
"Ya lo decía mi abuelo: "de buenas cenas están las sepulturas llenas"… Y ahora, la ciencia empieza a darle la razón". Con esta frase, el cardiólogo Aurelio Rojas resume en uno de sus vídeos una cuestión que la investigación científica lleva años explorando: no solo importa qué comemos, sino también cuándo lo hacemos.
La idea ha cobrado fuerza con un ensayo clínico publicado este febrero pasado en 'Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology'. El trabajo analiza qué ocurría cuando un grupo de adultos prolongaba su ayuno nocturno y terminaba de comer horas antes de acostarse.
Un estudio recienteEl estudio se realizó con 39 adultos de entre 36 y 75 años con sobrepeso u obesidad que completaron la intervención. Los participantes fueron distribuidos entre un grupo que mantuvo sus horarios habituales de alimentación y otro que prolongó su ayuno nocturno aproximadamente tres horas, hasta alcanzar entre 13 y 16 horas de ayuno y dejar un mínimo de tres horas entre la última comida y el momento de acostarse. La intervención duró una media de 7,5 semanas.
Durante el estudio, los investigadores trataron de mantener estables otros factores. Los participantes debían conservar sus niveles habituales de actividad física y su ingesta calórica y de macronutrientes, mientras que ambos grupos recibieron instrucciones sobre la iluminación durante las horas previas al sueño. En términos de calorías, no se observaron diferencias significativas entre los grupos.
Prolongar el ayuno nocturnoEs precisamente este aspecto el que hace interesante el estudio: los investigadores no estaban comparando simplemente una dieta saludable con una dieta poco saludable, sino el efecto de modificar el momento de la ingesta y prolongar el ayuno nocturno. Como explica Rojas en el vídeo, "aunque comas saludable, cenar tarde puede estar dañando gravemente tu salud".
Después de la intervención, el grupo que prolongó el ayuno nocturno presentó un mayor descenso de la presión arterial diastólica durante la noche. También se observaron cambios en otros parámetros relacionados con la regulación cardiovascular durante el sueño.
Duermen en mejores condicionesLos investigadores encontraron una reducción de la frecuencia cardiaca nocturna y un aumento de la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC), un indicador utilizado para estudiar la actividad del sistema nervioso autónomo. También observaron niveles más bajos de cortisol durante la noche.
En concreto, frente al grupo de control, la intervención produjo aproximadamente un 3,5% más de descenso nocturno de la presión arterial diastólica y un 5% más de descenso nocturno de la frecuencia cardiaca.
Son resultados que encajan con lo que señala Rojas cuando afirma que en el grupo que dejaba unas tres horas entre la última comida y el sueño se observó "menor cortisol nocturno, mejor descenso de la frecuencia cardiaca, descenso nocturno de la presión arterial" y una mejor regulación del sistema nervioso autónomo.
Sensibilidad a la insulinaEl efecto no se limitó a las variables cardiovasculares. Durante una prueba oral de tolerancia a la glucosa realizada por la mañana, el grupo que había prolongado el ayuno nocturno presentó niveles de glucosa más bajos y una mayor respuesta aguda de insulina a los 30 minutos. Esto apunta a una respuesta metabólica más eficiente ante la ingesta de glucosa.
Sin embargo, hay una precisión importante. El estudio no encontró una mejora significativa en el índice de sensibilidad a la insulina de Matsuda, uno de sus dos resultados principales.
Por tanto, decir simplemente que "mejoró la sensibilidad a la insulina" simplifica demasiado los resultados: lo que sí mejoró fue la respuesta aguda de insulina y algunos parámetros del control de la glucosa.
MaticesLa investigación no midió infartos, accidentes cerebrovasculares, enfermedad cardiovascular ni mortalidad. Tampoco permite saber si mantener durante años una cena más temprana reduce la probabilidad de sufrir uno de estos acontecimientos.
Lo que demuestra es algo más concreto: en este grupo de adultos con sobrepeso u obesidad, prolongar el ayuno nocturno y terminar de comer al menos tres horas antes de dormir durante unas semanas produjo cambios favorables en determinados indicadores cardiovasculares y metabólicos.
No obstante, solo 39 participantes completaron el protocolo y fueron incluidos en el análisis final, por lo que los propios investigadores señalan que hacen falta ensayos más grandes y prolongados para determinar hasta qué punto estos resultados pueden generalizarse a otras edades, sexos y personas con enfermedades como hipertensión o diabetes.
Más investigacionesEl estudio de febrero pasado no aparece de la nada: forma parte de una línea de investigación conocida como crononutrición, que analiza cómo interactúan los horarios de alimentación con los ritmos circadianos del organismo.
El 'National Heart, Lung, and Blood Institute' de los NIH (Institutos Nacionales de Salud, por sus siglas en inglés) explica que el momento en que comemos puede interactuar con los relojes biológicos que regulan diferentes procesos metabólicos y cardiovasculares. La alimentación nocturna es, precisamente, uno de los ámbitos que más interés está despertando dentro de esta disciplina.
La 'American Heart Association' también ha señalado que los horarios y patrones de alimentación pueden influir en factores cardiometabólicos como el peso, la resistencia a la insulina y la presión arterial, aunque advierte, en su estudio del 2017, de que la evidencia disponible sobre el momento concreto de las comidas todavía era limitada y heterogénea.
La hora de la cenaMás recientemente, en 2023, se publicó un amplio estudio en 'Nature Communications' realizado con los 103.389 adultos voluntarios que en Francia responden, periódicamente y desde el 2009, a cuestionarios que analizan las relaciones entre la nutrición y la salud (la cohorte francesa 'NutriNet-Santé)'.
En el citado estudio, los investigadores observaron que realizar la última comida después de las 21.00, frente a hacerlo antes de las 20.00, se asociaba con un mayor riesgo de enfermedad cerebrovascular.
Sin embargo, se trata de un estudio observacional: una asociación no demuestra que cenar tarde sea la causa del problema. En ese trabajo tampoco se encontró una asociación entre la hora de la última comida y la enfermedad coronaria.
La evidencia disponible apunta, por tanto, hacia una dirección interesante, pero todavía no permite convertir la hora de la cena en una regla médica universal.
Tres horas antes de acostarseLo cierto es que el nuevo ensayo de este año aporta una pieza especialmente interesante, porque no se limita a establecer una hora fija para cenar. Los investigadores vinculan el ayuno con el momento habitual de sueño de cada participante: la última comida debía terminar al menos tres horas antes de acostarse.
Por eso, más que establecer una hora universal, la investigación plantea otra posibilidad: que la distancia entre la última comida y el sueño pueda ser relevante. En palabras de Rojas: "Así que quizás no solo importa lo que cenas, sino cuándo cenas. Intenta dejar unas tres horas entre tu última comida y acostarte".
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De momento, esa recomendación puede considerarse una estrategia sencilla que algunas personas pueden incorporar si sus horarios se lo permiten, pero no debe interpretarse como una garantía de protección frente a las enfermedades cardiovasculares.