La apelación al ‘voto en contra’ puede provocar sentimientos que vayan en otra dirección
La polarización política y social conduce muy a menudo a la formación de bloques confrontados que no contemplan ni desean buscar puntos de encuentro o la posibilidad de acuerdos puntuales. Quieren confrontarse y justifican su propia identidad en la confrontación con el adversario. Su programa se reduce a esto: derrotar al adversario, pero de tal forma que la derrota suene a expulsión, a segregación, a confinamiento en los rincones más oscuros de la sociedad. Unos y otros; y unos son los buenos y los otros los malos. ¡Y basta!
Sobran programas, proyectos, propuestas. No es así como se pretende ganar. Se quiere ganar porque no se quiere ni se acepta de ninguna manera que ganen los otros. Y, lógicamente, cuando la confrontación se produce en un escenario electoral, la radicalidad sectaria gana en evidencia; en este contexto todo está permitido. Ni la verdad ni la propuesta constructiva tienen cabida.

Pero los efectos de esta confrontación, cuando se plantea en términos electorales, pueden ser muy contradictorios. Porque, si se trata de confiar en uno de los dos bloques, los razonamientos de los electores pueden conducirlos a posiciones muy ancladas en las sensibilidades y principios de cada uno. Si no se trata de valorar programas, lo que se pone por delante es lo que representa cada uno de los bloques. ¿Qué historia los acompaña? ¿en qué posición quedará el país en el concierto internacional? ¿qué valores muy fundamentales quedarán más protegidos? A veces, no todo lo que se plantea desde un bloque concreto despierta la conformidad del elector concreto. Pero es la música global la que se impone; la que se dirige a las sensibilidades personales, a los valores que el elector no quiere olvidar ni negligir.
Los bloques no esconden lo que representan y el elector, interesado por las propuestas de los otros , acaba acercándose a unos con los que se siente más ligado por historias más compartidas, por valores ganados conjuntamente, por adhesiones que salen de los recuerdos de cada uno; de su ambiente, de su familia. A pesar de los disparates de los propios, al final hay fidelidades básicas que se imponen.
El elector querría saber qué pasa en EE.UU. Quién ganará estas elecciones de medio mandato. Si no fuera Trump, quizás algún elector de un país distante se sentirá satisfecho y querrá que en su país el bloque que se imponga se ratifique en esta desconfianza que inspira Trump. Querrá jugar a favor de Ucrania y su libertad. Querrá alejarse de cualquier pacto con Putin, enemigo confeso de la Unión Europea, a la que quiere debilitada y desaparecida. Y seguirá con interés lo que pueda pasar en Francia, cuando la polarización convertida en confrontación no encuentra respuesta adecuada para hacer frente a su crisis. Y también, este elector se preocupará por el crecimiento de movimientos ultraderechistas en toda Europa y Latino América, y se preguntará de qué forma podría revertir esta tendencia con su voto. Brasil queda lejos, pero la confrontación Lula-Bolsonaro no nos puede dejar indiferentes. Representa mucho e incluso demasiado.
La apelación al ‘voto en contra’ puede provocar sentimientos que vayan en otra direcciónY este elector, arrinconado en el debate entre los dos bloques, entre unos y otros, se preguntará o puede preguntarse qué pasará en Italia, cómo se resolverán los conflictos que Europa ha de superar. Querrá saber qué compromiso europeísta tiene cada bloque. Por ello, el futuro de Europa puede representar su prioridad, a base de solidaridad y defensa plena de los derechos humanos y del Estado de derecho.
Y, ciertamente, no rehuirá otras cuestiones, de políticas económicas, culturales o sociales. Buscará en cada bloque una respuesta a sus problemas más cotidianos, más domésticos. Pensará en el futuro, pero no dejará de recordar el pasado. Quiere avanzar hacia un futuro mejor, pero tiene miedo de volver a un pasado que le costó mucho superar.
Los bloques juegan una mala pasada a los electores. Crean confusión, contrariamente a la claridad que predican sus partidarios. Iría bien un poco de tiempo para la reflexión; un poco de calma. Un espacio para la valoración que una decisión como la del elector se merece. Pero en todo hay que tener presente que la apelación al voto en contra puede provocar sentimientos que vayan, precisamente, en otra dirección.
Los bloques siempre confrontan, y, a menudo, bloquean la mejor respuesta.
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