Desde el dique de Puerto Banús todavía se divisan los árboles de otro modelo de vacaciones. Allí se levantó una ciudad pensada para familias trabajadoras que apenas podían permitirse el mar. A más de 700 kilómetros de litoral, en la portuguesa Caparica, hubo una promesa semejante. Las dos nacieron bajo dictaduras y acabaron siguiendo caminos distintos. Esa historia llega ahora a Madrid con Por un lugar en el sol. La artista ibicenca Irene de Andrés reúne fotografías, carteles antiguos y vídeos en la galería Juan Silió, donde la exposición puede visitarse hasta el 31 de octubre. No hay playas paradisíacas sin más: detrás de cada postal aparecen decisiones políticas y territorios transformados.Seguir leyendo....
Desde el dique de Puerto Banús todavía se divisan los árboles de otro modelo de vacaciones. Allí se levantó una ciudad pensada para familias trabajadoras que apenas podían permitirse el mar. A más de 700 kilómetros de litoral, en la portuguesa Caparica, hubo una promesa semejante. Las dos nacieron bajo dictaduras y acabaron siguiendo caminos distintos. Esa historia llega ahora a Madrid con Por un lugar en el sol. La artista ibicenca Irene de Andrés reúne fotografías, carteles antiguos y vídeos en la galería Juan Silió, donde la exposición puede visitarse hasta el 31 de octubre. No hay playas paradisíacas sin más: detrás de cada postal aparecen decisiones políticas y territorios transformados.
El primer destino es Marbella. Su Ciudad Residencial Tiempo Libre recibió visitantes en el verano de 1962, impulsada por la Obra Sindical de Educación y Descanso del franquismo y proyectada por Ángel Cadarso y Manuel Aymerich. Allí ofreció estancias económicas hasta 2023. Después llegó el cierre y la decisión de la Junta de Andalucía de darle uso hotelero. El recinto ocupa casi 198.000 metros cuadrados y conserva protección patrimonial. En enero de 2026, Ritusa, vinculada al grupo Fuerte, obtuvo la adjudicación provisional del derecho de superficie por 75 años, con una oferta de cinco millones de euros anuales. La Junta mantendrá la propiedad. El Gobierno andaluz defiende la operación por el coste del antiguo servicio y los ingresos que generará, mientras que sus detractores lamentan la pérdida de un espacio de turismo social.

'¡Aguas van!' (2026), de Irene de Andrés. / CEDIDA
De Andrés rastrea aquel pasado en imágenes aparentemente inocentes. En La ciudad del tiempo libre encadena fotografías promocionales, recortes periodísticos y notas que permiten seguir la vida y el deterioro del recinto. Un cartel de Comisiones Obreras de los 80, concebido para anunciar vacaciones, reaparece transformado: ahora la playa ocupa el centro de un mensaje diferente. Junto a una celosía que recuerda las construcciones costeras, una videoinstalación mezcla registros de distintas épocas. La cámara recorre el complejo desde el exterior, único acceso posible. El resultado no es un álbum nostálgico. Es el retrato de cómo una arquitectura concebida para el descanso colectivo puede cambiar de significado sin moverse de sitio.

'Da Costa del Sol até ao Sol da Caparica' (2026), de Irene de Andrés. / CEDIDA
Al fondo de la galería, el viaje continúa por la costa atlántica de Portugal. La colonia Um Lugar ao Sol abrió sus puertas en Caparica el 31 de julio de 1938, cuando el país vivía bajo el Estado Novo de António de Oliveira Salazar. La Fundación Nacional para la Alegría en el Trabajo organizaba allí las vacaciones de sus afiliados, entre pabellones. Tras la Revolución de los Claveles de 1974, la institución pasó a llamarse INATEL y el complejo continuó su actividad, hoy como hotel. La artista contrapone carteles antiguos, incluido uno del Partido Comunista portugués, con una filmación actual. Marbella y Caparica se miran como dos espejos: compartieron un origen político, pero no han envejecido del mismo modo.
Piscinas y hotelesEl agua termina por unir ambos relatos. En ¡Aguas van!, fotografías que parecen recuerdos familiares recorren la costa desde Puerto Banús hasta la antigua residencia obrera. Durante el trayecto aparece una tubería negra que atraviesa las dunas y sirve para limpiar un conducto subterráneo: una estampa ausente de los folletos. En Caparica, Banhistas não banhistas muestra una piscina que fue olímpica y está abandonada, sustituida por otra más pequeña reservada a los huéspedes del hotel. Cerca hay campamentos en los que algunas personas permanecen durante todo el año por las dificultades para acceder a una vivienda. De Andrés confronta la promesa de descanso con las infraestructuras que envejecen, los accesos que se restringen y las vidas que quedan fuera de la postal.
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'A colónia de férias' (2026), de Irene de Andrés. / CEDIDA
Nacida en Ibiza en 1986, la artista se formó en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y lleva años investigando cómo el turismo altera paisajes y costumbres. Ya había explorado el ocio junto al Manzanares en Las playas de Madrid; ahora amplía la mirada a dos enclaves marcados por los regímenes del siglo XX. El proyecto, desarrollado entre 2024 y 2026 con una Beca Leonardo de la Fundación BBVA, se prolonga en un ensayo visual editado por Concreta.