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¿Por qué tu gato insiste hasta que cedes? Aprende qué conductas le sirven para conseguir lo que quiere

Дата публикации: 14-09-2026 09:01:17


Tu gato no pide siempre de la misma forma: cambia entre maullidos, miradas y contacto físico según lo que quiere conseguir de ti


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Quien vive con un gato suele reconocer la escena: un maullido, una mirada fija, otro maullido y, si todavía no hay respuesta, una nueva aproximación. Puede parecer que el animal está probando distintas tácticas hasta encontrar la que funciona. Un estudio publicado en Journal of Comparative Psychology ayuda a entender qué hay detrás de esa impresión.

Investigadoras de la Universidade de São Paulo estudiaron cómo cambia la comunicación de los gatos cuando se les impide temporalmente acceder a dos cosas muy motivadoras: comida y juego. No buscaban traducir los maullidos como si fueran palabras, sino comprobar si el contexto modifica la manera en que el animal intenta recuperar aquello que desea.

Ante la comida, los gatos maúllan más y dirigen con mayor frecuencia la mirada hacia la persona que puede darles acceso a ella. 

Ante la comida, los gatos maúllan más y dirigen con mayor frecuencia la mirada hacia la persona que puede darles acceso a ella. Getty Images

Cuando hay comida, el maullido gana protagonismo

Participaron 48 parejas formadas por gatos y sus cuidadores. El experimento se realizó en las casas mediante videollamada, con una investigadora supervisando el procedimiento en tiempo real. En una de las situaciones, el gato probaba brevemente su comida favorita y después el cuidador retiraba el comedero 60 segundos, dejándolo visible o perceptible, pero fuera de su alcance. En la otra, se jugaba durante 40 segundos con una caña y después se interrumpía también el acceso durante un minuto.

La diferencia fue clara: los gatos maullaron significativamente más cuando se les impedía acceder a la comida que cuando se interrumpía el juego. Eso no significa que el maullido equivalga simplemente a decir “dame comida”. El estudio demuestra algo más prudente: la probabilidad de vocalizar cambia según aquello que motiva al animal.

No solo maúllan: también buscan tus ojos

La voz no fue la única señal que cambió. Durante la restricción de comida, los gatos dirigieron más la mirada hacia sus cuidadores y aparecieron con mayor frecuencia episodios en los que miraban a la persona mientras maullaban.

Esta combinación interesa especialmente a los investigadores porque puede funcionar como una señal multimodal: el gato no se limita a emitir un sonido, sino que lo acompaña de una conducta visual dirigida a quien potencialmente puede resolver el problema. Otros trabajos ya habían observado que, cuando un gato se enfrenta a comida que no puede alcanzar, puede alternar la mirada entre el objeto y la persona, y que modifica esa conducta dependiendo de si su cuidador está prestándole atención.

Cuando quieren recuperar el juego, los gatos recurren más al contacto físico y a acercarse al cuidador que a insistir con maullidos. 

Cuando quieren recuperar el juego, los gatos recurren más al contacto físico y a acercarse al cuidador que a insistir con maullidos. Getty Images

Para jugar, la estrategia fue más física

Cuando lo que desaparecía era el juguete, el patrón cambiaba. Los gatos recurrieron relativamente menos al maullido y mostraron más conductas de contacto físico, algo que las autoras relacionan con el carácter interactivo y social del juego.

En términos sencillos, el estudio sugiere que los gatos no utilizan exactamente el mismo repertorio para todas sus necesidades. Pueden ajustar la combinación de voz, mirada, aproximación y contacto según lo que está ocurriendo. Esto tampoco implica necesariamente una estrategia calculada al estilo humano. Hablar de que un gato “manipula” deliberadamente a su propietario va mucho más allá de lo que demuestra el experimento.

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Si una conducta funciona, puede acabar repitiéndose

Aquí entra otro elemento importante que el estudio no midió directamente: el aprendizaje. Los animales pueden repetir aquellas conductas que anteriormente han tenido consecuencias favorables. Si maullar frente al armario consigue que aparezca comida, o tocar con la pata provoca que el humano empiece a jugar, esa respuesta puede reforzarse con el tiempo.

Por eso algunos gatos parecen especialmente persistentes con determinadas personas. No necesariamente porque hayan diseñado conscientemente una táctica, sino porque la experiencia puede enseñarles qué señales producen resultados. La investigación de Fukimoto y sus compañeras encaja con esa idea, aunque no prueba cómo aprende cada pareja gato-humano sus códigos particulares.

No todos los gatos hablan el mismo “idioma”

Hay además una enorme variabilidad individual. Estudios anteriores muestran que los maullidos cambian acústicamente entre gatos y entre situaciones, mientras que las personas no siempre son capaces de identificar correctamente qué contexto los produjo. Eso obliga a desconfiar de las traducciones simplistas del tipo “este maullido significa hambre” o “este otro significa enfado”.

El trabajo tampoco permite afirmar que la comida sea universalmente más importante que el juego: ambos estímulos eran distintos y no puede asegurarse que tuvieran exactamente el mismo valor para todos los animales.

La conclusión más interesante es otra. El gato doméstico dispone de varias herramientas para comunicarse con nosotros y parece combinarlas de manera flexible según aquello que intenta conseguir. Y si algunas funcionan especialmente bien contigo, es perfectamente posible que haya aprendido a utilizarlas cada vez con mayor insistencia.

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