Utilizar las manos como juguete puede enseñar al gato a verlas como una presa; redirigir su instinto de caza hacia juguetes adecuados permite modificar esta conducta
Bienvenidos al consultorio de Peludos. En este espacio, veterinarios, educadores y especialistas en comportamiento animal responden cada semana a las dudas de nuestros lectores. Aquí encontrarás respuestas prácticas y recomendaciones pensadas para mejorar la convivencia y el bienestar de los animales. ¿Tienes preguntas sobre tus peludos? Envíanoslas a peludos@lavanguardia.es y los expertos las resolverán.
Pregunta: Mi gato me muerde o ataca jugando, ¿cómo puedo corregir este comportamiento sin castigarle?
Para responderla, hablamos con Ariadna Irles, nutricionista y terapeuta felina. Muchas familias describen una misma escena: están tranquilas en el sofá y, de repente, su gato se lanza hacia sus manos o pies como si fueran una presa. Muerde, araña e insiste, lo que puede llevar a preguntarse si se trata de un comportamiento agresivo.
Ariadna Irles explica que, en muchos casos, no se trata de agresividad. El gato está jugando como sabe hacerlo, pero ha dirigido su conducta hacia un objetivo equivocado. Es especialmente frecuente en animales que no han aprendido a jugar de otra manera y con los que, desde pequeños, se ha utilizado directamente las manos como parte del juego.
Los gatos no juegan simplemente porque sí: juegan a cazar. El juego reproduce una secuencia natural que incluye acechar, perseguir, capturar y manipular a la presa. Por eso, cuando un gato muerde las manos durante el juego, no necesariamente está enfadado con su tutor, sino que está intentando completar esa secuencia utilizándolo como presa.

El problema aparece cuando el animal ha aprendido que las manos o los pies son objetivos válidos. Jugar de esta manera con un gatito puede parecer inofensivo e incluso divertido, pero ese tipo de interacción supone un aprendizaje que puede mantenerse durante la edad adulta.
A medida que el gato crece, gana fuerza y precisión, por lo que aquello que inicialmente parecía un juego inocente puede empezar a resultar doloroso. Además, según la especialista, este hábito puede favorecer la sobreexcitación durante las interacciones, una menor tolerancia a la frustración y dificultades para comprender cuándo debe detenerse.
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También puede reforzar una asociación directa entre las manos y el estímulo de caza, aumentando los llamados “ataques sorpresa”. Con el tiempo, esto puede deteriorar el vínculo con la familia e incluso llevar a interpretar erróneamente al gato como un animal agresivo. Por ello, Ariadna Irles considera que la mejor estrategia es prevenir y evitar utilizar el cuerpo como juguete desde el principio.
Si el gato ya ha adquirido este hábito, la conducta puede reconducirse. El objetivo no consiste en impedir que juegue o eliminar su instinto de caza, sino en dirigirlo hacia estímulos adecuados.
Es importante proporcionarle a tu gato oportunidades diarias para desarrollar su instinto de cazaEl primer paso es dejar de utilizar las manos y sustituirlas por juguetes como cañas, plumeros, peluches, cintas o juguetes interactivos. De esta manera, el gato puede perseguir y capturar algo que no forma parte del cuerpo de su tutor.
También es importante proporcionarle oportunidades diarias para desarrollar su instinto. La especialista recomienda realizar varias sesiones cortas de juego en lugar de una única sesión larga, permitiendo que el animal pueda perseguir, saltar y capturar.
Después del juego, ofrecerle alimento puede ayudar a cerrar la secuencia natural de caza y facilitar el paso de un estado de excitación a otro de mayor calma, reduciendo la posibilidad de que continúe buscando manos o pies a los que atacar.
Si el gato muerde durante una interacción, Ariadna Irles aconseja evitar movimientos bruscos y no gritarle ni castigarlo. Puede hacerse un quejido de dolor y retirar la atención de forma neutra. Sacudir rápidamente la mano o intentar apartarlo con movimientos repentinos puede producir el efecto contrario, ya que esa reacción se parece todavía más al movimiento de una presa y puede intensificar el juego.

La constancia es fundamental. Un comportamiento aprendido durante meses o años no desaparece en pocos días, pero mantener unas pautas coherentes permite que, progresivamente, el gato deje de considerar las manos como una presa y dirija su comportamiento hacia los juguetes.
La terapeuta felina recuerda, por último, que estas recomendaciones son generales y no sustituyen una valoración individual. Si los ataques son frecuentes, especialmente intensos o existen dudas sobre si realmente se producen durante el juego, conviene estudiar el caso de forma específica para entender las necesidades del animal y determinar el origen de su comportamiento.
Para esta respuesta se ha consultado con profesionales veterinarios y especialistas de la red de Pets&Vets. La información proporcionada se basa en criterios generales y recomendaciones orientativas. En ningún caso sustituye una consulta veterinaria personalizada, necesaria para valorar cada caso de forma individual, integral y clínica.