Una gallina puede contar mucho más que la historia de una granja. Puede hablar de los viajes y de lo que cambia cuando dos mundos se encuentran. Esa es la idea que el artista belga Koen Vanmechelen lleva más de un cuarto de siglo poniendo a prueba con animales reales y ahora llega por primera vez a Madrid. Desde este jueves, la Galería Plaza del Gato presenta Cosmopolitan Chicken Project, una exposición de 17 obras que convierte un insólito experimento de cría en una reflexión sobre la convivencia. Fotografías, esculturas, dibujos y piezas audiovisuales ocuparán la galería hasta el 16 de enero de 2027.Seguir leyendo....
Una gallina puede contar mucho más que la historia de una granja. Puede hablar de los viajes y de lo que cambia cuando dos mundos se encuentran. Esa es la idea que el artista belga Koen Vanmechelen lleva más de un cuarto de siglo poniendo a prueba con animales reales y ahora llega por primera vez a Madrid. Desde este jueves, la Galería Plaza del Gato presenta Cosmopolitan Chicken Project, una exposición de 17 obras que convierte un insólito experimento de cría en una reflexión sobre la convivencia. Fotografías, esculturas, dibujos y piezas audiovisuales ocuparán la galería hasta el 16 de enero de 2027.
Todo comenzó en 1999 con una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué sucede si se cruzan gallinas de procedencias distintas, generación tras generación? En lugar de buscar una raza pura, Vanmechelen decidió recorrer el camino contrario. Cada nuevo ejemplar incorporaría la herencia genética de una estirpe de otra parte del mundo. El resultado, bautizado Cosmopolitan Chicken Project, es una genealogía en permanente construcción, con la que cuestiona la obsesión por clasificar y preservar identidades inalterables. Las aves no son aquí una extravagancia artística ni un mero recurso visual, sino la materia viva de un trabajo que reúne biología, arte y pensamiento.

Evolución del 'Cosmopolitan Chicken Project'. / CEDIDA
Madrid recibe el capítulo 31 de ese recorrido. Su protagonista es la Mechelse Cara Blanca, surgida del cruce entre la Mechelse Euskalduna y la Cara Blanca Española, una de las razas más antiguas del Mediterráneo. La generación anterior nació en 2025 en el museo Chillida Leku, en Hernani, a partir de la incorporación de la Euskal Oiloa a una línea que ya reunía genes de 30 países y regiones de cinco continentes. El proyecto vuelve así a encontrar en España un lugar desde el que avanzar. Aunque sus nombres suenen a catálogo avícola, detrás de cada nueva combinación hay una cuestión muy humana: cuánto de lo que somos procede de aquello que hemos recibido de otros.
La muestra da forma a esa idea. Los retratos de gran formato permiten observar las diferencias entre las aves, desde el plumaje hasta su porte, mientras las esculturas y los collages trasladan esos cuerpos a otros lenguajes. El recorrido se articula en torno a Under Pressure, una instalación que archiva la experiencia: una urna de cristal conserva tubos de ensayo con una pluma de cada una de las generaciones obtenidas desde 1999. Debajo se encuentra el Genome Book, un estudio de ADN que registra los cambios genéticos respecto a la gallina de partida. Una historia de mestizaje narrada, literalmente, pluma a pluma.
Nuevo crucePero el proyecto no termina en las paredes de la galería madrileña. Mientras el público contempla su dimensión artística, la crianza de la nueva generación se desarrolla en La Nave Va, en Berrocalejo (Extremadura), un parque de esculturas instalado en una antigua majada. Allí se incuban los huevos del cruce que da nombre a la muestra. El siguiente paso llegará en 2027, cuando ese enclave impulsará una iniciativa de Planetary Community Chicken junto a universidades, investigadores, agricultores y vecinos. La intención es explorar de qué manera la biodiversidad puede dejar de ser una consigna y convertirse en una práctica compartida por la comunidad rural.
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'Domesticated Giant', de Koen Vanmechelen. / CEDIDA
Belga, nacido en 1965, Vanmechelen lleva décadas trabajando con científicos. Ha mostrado su obra en instituciones como el Victoria & Albert Museum de Londres y ha participado en la Bienal de Venecia. En su país fundó LABIOMISTA, un parque de 24 hectáreas concebido como laboratorio de biodiversidad. Su tesis, lejos de reducirse a la genética, tiene una lectura social evidente: ninguna identidad se construye en completo aislamiento. Para el artista, la supervivencia y la capacidad de adaptación dependen del contacto con los demás, también de aquello que nos diferencia.