Josep Grau puede presumir de haber fundado uno de los primeros laboratorios de micropropagación de España. Lo montó, este agrónomo, en las afueras de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), donde aún conserva 2,6 hectáreas de parcela con una nave de casi 500 metros cuadrados y tres invernaderos con capacidad para 850.000 plantas. Allí crece la Paulownia In Vitro 112, una planta que creó él mismo, que ha hecho llegar a 35 países del mundo y que ha sido la base que hizo a esta compañía facturar, en su momento más álgido, 1 millón de euros anuales.Seguir leyendo....
Josep Grau puede presumir de haber fundado uno de los primeros laboratorios de micropropagación de España. Lo montó, este agrónomo, en las afueras de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), donde aún conserva 2,6 hectáreas de parcela con una nave de casi 500 metros cuadrados y tres invernaderos con capacidad para 850.000 plantas. Allí crece la Paulownia In Vitro 112, una planta que creó él mismo, que ha hecho llegar a 35 países del mundo y que ha sido la base que hizo a esta compañía facturar, en su momento más álgido, 1 millón de euros anuales.
Lo logró pese a ser el propio Grau quien llevaba prácticamente todas las gorras: la de jefe de laboratorio, de márketing, de ventas, de administración, de contabilidad… El empresario asumió los proyectos que podía y quería, sin ninguna ambición más allá de que su empresa tirara hacia adelante cómodamente. Y así ha estado 40 años, hasta que decidió que era la hora de retirarse.
De eso se enteraron, por un lado, Alex Weil y Alan Zettelmann, quienes comentaron a Nicolas Nagy la idea de tomar ellos las riendas. También se interesó por la empresa Aly Elshaboury. Y, conectados los cuatro por relaciones de negocio antiguas con In vitro y/o Grau, o por conocerse, decidieron aliarse, involucrando también a la bióloga Celia Arias, para comprar entre todos la compañía. Lo han hecho, repartiéndose ahora estos cinco empresarios que combinan orígenes de lo más variados (Alemania, Argentina, Brasil, Egipto, España...) el accionariado cada uno a título individual.

Josep Grau, fundador y consejero honorario de In Vitro / In Vitro
Entre todos han acordado que Grau siga en el consejo como consejero honorario y tienen planes para que la empresa pase del medio millón de euros que ingresó el año pasado a superar los nueve millones de euros de volumen de negocio en 2030. «Hubo empresas que comenzaron al mismo tiempo que él y se han convertido en multinacionales», reflexiona Nagy, quien ejerce de consejero delegado.
Sin modificación genéticaLa micropropagación es un proceso por el que se crean nuevas plantas, a partir de partes de otras, con la intención de que se conviertan en variedades más resistentes a una plaga, que den más frutos o que se adapten mejor al medio para el que están pensadas. No es modificación genética, aclara este directivo, es seleccionar la mejor versión de una planta para luego replicarla y venderla a otras empresas o profesionales.

Nicolas Nagy, consejero delegado de In Vitro / In Vitro
Así nació la Paulownia In Vitro 112, la estrella de una casa que, en realidad, también trabaja con morera blanca o con híbridos de melocotoneros y almendros. Son, todas, variedades que acabarán comprando otras empresas (el modelo de negocio de In Vitro es completamente B2B, es decir, de negocio a negocio, no vende a cliente final): viveros que sí venderán a quien quiera decorar su casa, pequeños agricultores, explotaciones agrarias, productores de biomasa o madera, o distribuidores, que se encargan de hacer llegar todas estas plantas a quienes puedan sacarles partido de un modo u otro. «Tenemos identificados 11 usos comerciales –detalla el nuevo consejero delegado de esta pyme catalana–, pero podría tener muchos más».
Fortalezas y oportunidades«Josep siempre dijo que tenía un objetivo de crecimiento determinado y que más allá no quería seguir», se explica Nagy, para que se entienda por qué ellos ven tantas posibilidades a lo que tenía Grau entre manos. Además de una base de clientes que pueden regularizar y a los que pueden vender muchas más de sus variedades, o un equipo que, con más personas (ahora son una decena), podría asumir encargos que Grau daba por imposibles, también cuentan entre sus fortalezas disponer de unas instalaciones con capacidad para producir cuatro millones de plantas al año y que ahora se limitan a los dos millones.
Su plan para darle ese empujón a la empresa, que debería notarse ya el año que viene, es incrementar el volumen de producción y «activar» y regularizar una base de clientes en la que figuran de partida 700 nombres. Luego internacionalizar, que no exportar, porque la compañía ya obtiene de las ventas al exterior el 65% de sus ingresos. Es más bien –precisa Nagy– establecer relaciones con nuevos distribuidores y tejer nuevos acuerdos de licencia fuera de España.
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«Otro motor va a ser el I+D», agrega el directivo, que tiene previsto destinar a investigación y desarrollo una cuarta parte de los casi dos millones de euros que pretenden invertir en los próximos cuatro años en In Vitro. «Será dinero para desarrollar nuevas variantes, pero también para digitalización y automatización, que es una parte muy importante de la empresa», concluye.
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